La época del caucho no es un capítulo cerrado. En la Amazonía peruana, sus cicatrices siguen abiertas: desplazamiento forzado, esclavitud, exterminio de pueblos enteros. Pero algo está cambiando. El Muyuna Fest 2026, que se realizará del 11 al 24 de mayo en Iquitos, apuesta por convertir el dolor en memoria colectiva a través del cine, el arte y el diálogo comunitario.
El festival, que en su tercera edición tendrá como eje central la reflexión sobre el auge cauchero, incluirá talleres de cine comunitario en comunidades del Putumayo, específicamente en la zona de El Estrecho. La propuesta es clara: que sean las propias voces del territorio las que cuenten su historia. Habrá también un encuentro internacional llamado "Comunicar desde el territorio", con activistas, comunicadores y representantes de pueblos indígenas.
Uno de los momentos más potentes será el cine flotante en el barrio de Belén, entre el 22 y el 24 de mayo. Las funciones se harán sobre estructuras instaladas en el agua, con el público asistiendo desde embarcaciones. Una forma de integrar el entorno amazónico con la experiencia cinematográfica, como si el río mismo fuera testigo y narrador.
Pero el Muyuna Fest no ocurre en el vacío. Llega en un momento de fuerte disputa política sobre cómo recordar ese pasado. El colectivo juvenil Tsiuni, integrado por jóvenes de once pueblos indígenas, presentó en octubre de 2025 una demanda contra el Estado peruano exigiendo la creación de una comisión de la verdad sobre la época del caucho. Quieren conocer su historia, luchar contra el negacionismo y sanar heridas que aún supuran.
La respuesta estatal, sin embargo, ha sido ambivalente. En abril de 2026, el gobierno aprobó la Política Nacional de Pueblos Indígenas al 2040, que reconoce que el deterioro cultural empezó en la época del caucho. Pero frente a la comunicación de cuatro relatores especiales de la ONU —que en noviembre de 2025 solicitaron medidas de verdad, justicia y reparación—, el Estado pidió más tiempo y más información. Una dilación que contrasta con el reconocimiento formal.
A esto se suman declaraciones peligrosas. El año pasado, un candidato presidencial calificó la época del caucho como "maravillosa" y a los empresarios caucheros como "heroicos", proponiendo incluso recrearla con fines turísticos. Un discurso que choca de frente con la memoria de los pueblos que sufrieron asesinatos, tortura, trabajo forzado y esclavitud entre 1880 y 1920.
Frente a esta tensión entre el reconocimiento y la negación, iniciativas como el Muyuna Fest y la demanda del colectivo Tsiuni se vuelven fundamentales. No se trata solo de recordar, sino de construir una narrativa de verdad desde las propias experiencias de los pueblos indígenas. De poner el cuerpo y el territorio para sanar lo que el Estado aún no se anima a mirar de frente.