A pocos días del aniversario 65 de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), La Habana fue escenario de un emotivo reconocimiento a quienes sostienen la producción de alimentos en la isla. El presidente Miguel Díaz-Canel impuso el título de Héroe del Trabajo a tres campesinos y entregó la Orden 17 de Mayo a otros destacados cooperativistas, en un acto que combinó la celebración con la denuncia del bloqueo estadounidense.
Yamila Sarduy, miembro del Buró Nacional de la ANAP, denunció la "mentira y perversidad" del cerco imperial que busca rendir a la nación. La ceremonia contó con la presencia del Comandante José Ramón Machado Ventura, el primer ministro Manuel Marrero Cruz y otras altas autoridades del Partido y el Gobierno.
Pero el contexto es de extrema dureza. El presidente del Grupo Empresarial Agrícola, Orlando Linares Morell, detalló cómo la agricultura enfrenta el asedio energético agravado por el régimen Trump. La producción de arroz cayó de 304 mil toneladas en 2018 a solo 111 mil en 2025. Ante la falta de combustible, los campesinos han rescatado la tracción animal con bueyes, búfalos y caballos, y avanzan en la instalación de paneles solares y bombas de riego fotovoltaicas.
Se han firmado 61 contratos de producción cooperada con productores de avanzada, abarcando 10 mil hectáreas, y se impulsa la importación de combustible gestionada por los propios campesinos. La aviación agrícola está paralizada, pero brigadas manuales han sustituido la fertilización aérea en provincias como Pinar del Río y Camagüey.
La cosecha del futuro no depende solo de la tierra, sino de la capacidad colectiva de resistir la asfixia imperial. Los campesinos cubanos, con sus manos y su inventiva, demuestran que la soberanía alimentaria se construye en cada surco, pese a quien pese.