EL INTERREGNO DEVORA SUS PROMESAS: ARGENTINA COMO LABORATORIO DE DESIGUALDAD
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EL INTERREGNO DEVORA SUS PROMESAS: ARGENTINA COMO LABORATORIO DE DESIGUALDAD

(★) .- La socióloga Maristella Svampa presenta "Luchar en el Interregno", un mapa para entender la normalización de extremas derechas que ya no ocultan su pulsión de muerte.

La conversación con la socióloga e investigadora argentina Maristella Svampa, en el marco del Congreso Alas, funciona como una radiografía del tiempo que corre. No es una crisis más, aclara, sino un interregno, esa categoría gramsciana que nombra el período donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer. El libro que presenta junto a Breno Obringel y Máximo Modonesi, "Luchar en el Interregno", doce capítulos en tres partes coeditados por Clacso y Siglo XXI, intenta dar cuenta de las acciones colectivas en América Latina cuando no hay hegemonías claras y el ciclo progresista es apenas un recuerdo.
Svampa no se detiene en el diagnóstico de la debacle. Advierte que la región ya no está ante una simple transición, sino ante la consolidación de gobiernos de derecha y extrema derecha que se proponen la supresión de derechos, la desregulación de áreas enteras de la sociedad y un realineamiento automático con Estados Unidos, ese que hoy encarna con claridad una extrema derecha en el marco de una nueva constelación reaccionaria. La novedad no es la existencia de estas fuerzas, sino su desmarginalización: lo que hasta ayer parecía propio de sectores horrendos y marginales hoy corre el umbral de lo políticamente posible y se instala en el centro de la agenda.
La pandemia del COVID aparece en el relato de Svampa como un caldo de cultivo para el negacionismo y el revisionismo, y como el momento en que vastos sectores sociales sin protección estatal quedaron a la intemperie. Esa experiencia de frustración y pobreza, sumada a la desconexión entre un discurso de derechos anclado en la narrativa progresista y la realidad de quienes quedaban fuera, abrió la puerta a que las extremas derechas ofrecieran no solo un salto al vacío, sino la posibilidad de ensayar una nueva experiencia de sociedad. La socióloga no esquiva la autocrítica: hubo un corrimiento previo de los progresismos hacia el centro, una incapacidad de líderes como Evo Morales, Cristina Fernández de Kirchner o Rafael Correa de depositar en la experiencia colectiva la posibilidad de un empoderamiento mayor, y una concentración de liderazgos que terminó por vaciar las promesas de transformación.
Frente a la pregunta por las térmicas que ya no saltan, por qué ciertos discursos que antes parecían inadmisibles hoy se validan con desenfado, Svampa responde con la noción de policrisis: crisis climática, de biodiversidad, aumento de desigualdades, avance de extremas derechas y erosión democrática entrelazadas en un mismo tejido. Y ahí emerge su categoría más incómoda: la de tecnofascistas, esos tecnomagnates que creen en el avance de la fuerza de la desigualdad y observan hasta dónde una sociedad puede poner límites a su propia destrucción. Argentina, dice, es un experimento a gran escala, un laboratorio donde se opera no solo la ultraderecha política sino también esta nueva constelación que busca radicalizar el capitalismo en todas sus formas, oradando el lenguaje de derechos y destruyendo el tejido social.
El cierre de la conversación no es apocalíptico. Svampa insiste en que hay que salir de las narrativas distópicas y poner el foco en las nuevas formas de solidaridad que emergen ante los colapsos climáticos, en la revalorización de lo público y lo colectivo, en la necesidad de incorporar las fronteras planetarias a cualquier agenda de transición ecosocial. Frente al vaciamiento de las izquierdas, propone pensar y confrontar, con la certeza de que el ser humano guarda en sí la potencia transformadora de la acción colectiva y que la historia no está definitivamente clausurada. El interregno es el tiempo de los monstruos, pero también el tiempo en que los imaginarios radicales pueden cambiar la sociedad.