El Cine Odeon de Río de Janeiro cumple 100 años convertido en símbolo de resistencia frente al avance de los multiplex comerciales y la mercantilización cultural. Este ícono de la Cinelândia, vecino del Theatro Municipal y la Biblioteca Nacional, sobrevive como testimonio vivo del cine de calle en una era dominada por shoppings y algoritmos. Su centenario se celebra con una acción contundente: entradas a un real para reconectar al público con la experiencia colectiva del cine tradicional.
La celebración incluyó la pré-estreia de "Rio de Sangue", filme del director Gustavo Bonafé que combina acción con denuncia social sobre el garimpo ilegal en la Amazonía. "El Odeon es un aliado fundamental en la lucha por mantener espacio para el cine nacional", declaró Bonafé, destacando el rol del local como plataforma para producciones brasileñas. La actriz Alice Wegmann evocó memorias afectivas del espacio, recordando sus visitas al Festival do Rio y la importancia emocional del cine en la formación cultural.
Gestionado actualmente por el grupo Kinoplex de la familia Severiano Ribeiro, el Odeon mantiene viva la tradición de las grandes salas pese al contexto neoliberal que privilegia el consumo individualizado. Su historia refleja las transformaciones urbanas de Río y las batallas del sector audiovisual brasileño por soberanía cultural. Desde la retomada cinematográfica de los años 90, el local se consolidó como sede del Festival do Rio y espacio para debates sobre la producción nacional.
La iniciativa de entradas populares a un real representa más que una promoción comercial: es un gesto político de reafirmación del cine como bien cultural accesible. En tiempos donde las plataformas digitales fragmentan audiencias y homogenizan contenidos, el Odeon persiste como territorio de encuentro comunitario. Su centenario no es solo nostalgia, sino testimonio de que otra relación con el audiovisual es posible, basada en la experiencia compartida y el compromiso con la producción local frente a la globalización cultural hegemónica.