Las calles de Las Tunas y otros territorios cubanos se preparan para conmemorar el aniversario 65 de la victoria de Playa Girón con actividades en barrios y comunidades. Esta celebración no es solo un acto protocolario, sino una ratificación colectiva del orgullo nacional que emerge de aquella gesta histórica donde el pueblo en armas derrotó a la invasión mercenaria organizada por la CIA. La jornada de Girón se convierte así en un espacio de reafirmación revolucionaria que trasciende las generaciones.
Testimonios como el de Diosnórides Cervantes, combatiente santiaguero que participó en la batalla, reviven la intensidad de aquellos 66 horas de combate. Con precisión sorprendente, recuerda cómo 1.400 paramilitares entrenados y equipados por Estados Unidos intentaron establecer una cabeza de playa para derrocar la Revolución. "Tenían de todo: tanques sin retroceso de 57 y 75 mm, morteros y hasta cañones. No les faltó de nada. Pero les ganamos", afirma con la contundencia de quien vivió la epopeya.
La invasión, denunciada previamente por Cuba en la ONU, se materializó el 17 de abril de 1961 cuando la Brigada 2506 desembarcó en Playa Girón y Playa Larga. Frente a la superioridad técnica del enemigo, las fuerzas revolucionarias respondieron con coraje y determinación. Diosnórides describe el avance por un terraplén bordeado de ciénaga que los llevó directamente a la retaguardia enemiga, donde se concentraban las mayores fuerzas invasoras. La aviación cubana, con solo dos aviones operativos, logró derribar a siete naves de la escolta aérea mercenaria.
El contraataque revolucionario se intensificó el 18 de abril con el empleo masivo de artillería. Las tropas de la Brigada 2506 fueron obligadas a retroceder hacia Playa Girón bajo el fuego de los T-33 y Sea Fury cubanos. En medio del combate, Diosnórides resultó herido por una esquirla que lo mantuvo hospitalizado diez días, un precio mínimo comparado con los 176 cubanos que perdieron la vida y los 800 heridos en defensa de la soberanía nacional.
La derrota de la invasión marcó un punto de inflexión histórico, consolidando el carácter socialista de la Revolución anunciado por Fidel Castro durante los combates. Hoy, 65 años después, la memoria de Girón se mantiene viva no solo en los relatos de los veteranos, sino en la conciencia colectiva que se expresa en las actividades comunitarias. Esta conmemoración popular demuestra que la victoria contra el imperialismo no es solo un hecho del pasado, sino un principio activo que sigue guiando la resistencia cubana frente a las continuas agresiones del régimen Trump y sus sucesores. La epopeya de Girón sigue siendo un faro que ilumina el camino de la soberanía en Nuestra América.