Apolônio de Carvalho murió el 23 de septiembre de 2005. Veintiún años después, el Movimento Sem Terra lo recuerda como herramienta de análisis. Nacido en tierras pantaneiras, este militar y revolucionario brasileño combatió el fascismo en la Guerra Civil Española (1936-1939) junto a las brigadas internacionales y participó de la Resistencia Francesa contra el nazismo durante la II Guerra Mundial (1939-1945). Antes, en 1935, había integrado la Intentona Comunista como oficial del ejército, lo que le costó prisión, expulsión y persecución. Con la amnistía de 1979 volvió del exilio y contribuyó a fundar el Partido dos Trabalhadores.
El contexto actual, según el MST, muestra dos dimensiones entrelazadas. Una estructural, que universaliza la desigualdad mediante la superexplotación y el despojo de materias primas y bienes de la naturaleza. Otra histórico-cultural, que arrastra la herencia colonial y atraviesa a la clase trabajadora latinoamericana con cuestiones étnico-raciales y luchas anteriores al capitalismo industrial.
Sobre ese fondo se recorta la presión geopolítica de Washington, con aranceles, sanciones y disputas por recursos estratégicos que reconfiguran la explotación. La región vive una retomada de la extrema derecha y el resurgimiento de viejas doctrinas que debilitan la gobernabilidad democrática y golpean las pautas territoriales y los derechos de las poblaciones marginalizadas. El MST lo lee como una ofensiva coordinada.
La respuesta que la organización campesina propone no pasa por el reformismo institucional conciliador. Pasa por el protagonismo de las masas populares, campesinas, indígenas y negras, que guardan la memoria de las luchas anticoloniales. Esos sectores defienden sus territorios contra el extractivismo transnacional y enfrentan la violencia política patrocinada por las burguesías locales. Ahí, la revuelta étnico-racial se convierte en combustible anticapitalista.
El internacionalismo de clase, tal como lo concibe el MST, se sostiene en tres dimensiones: principio ético-moral que orienta conductas, valor constitutivo de la práctica humanista y socialista, y estrategia de lectura e intervención sobre la realidad. Las brigadas internacionalistas son su forma concreta. Hay brigadas en Haití, Cuba, Zâmbia, China y Venezuela. La Brigada Apolônio de Carvalho (BAC) actúa en la Escola Nacional Florestan Fernandes (ENFF), territorio brasileño pero escuela internacionalista, donde militantes de organizaciones populares de varios países se insertan en el trabajo cotidiano. En Venezuela, la Brigada Internacionalista Apolônio de Carvalho (BIAC) trabaja desde 2005 en comunas campesinas: reproducción de semillas agroecológicas, agroflorestas, bioinsumos, sistema voisin para ganado. Un informe interno indica que más de cien militantes pasaron por allí. También acompaña el Instituto Universitário Latino-Americano de Agroecologia Paulo Freire (IALA).
El internacionalismo no es retórica de congreso. Es una necesidad de supervivencia frente al avance coordinado de las fuerzas reaccionarias. Así lo entendió Apolônio, que supo combatir críticamente las distorsiones del socialismo real sin que la caída del muro de Berlín doblegara su convicción.