La expansión de las escuelas militarizadas en Brasil alcanza dimensiones alarmantes. En la última década, este modelo se multiplicó más de veinte veces, pasando de 48 unidades en 2014 a 1.389 en 2026. El Paraná lidera este ranking preocupante, pero el fenómeno se extiende por todo el país con una lógica que investigadores califican de "proyecto eleitoral y reacionario". Fernando Cássio, profesor de la Facultad de Educación de la USP, advierte que esta militarización crece sin datos sistematizados ni transparencia, imposibilitando evaluaciones serias sobre su impacto real en la educación.
Los casos de abuso se multiplican. En el Distrito Federal, estudiantes del CED 01 de Itapoã fueron obligados a hacer flexiones y permanecer arrodillados como castigo por usar blusas de frio de "colores inadecuados". Entre las víctimas había una estudiante diagnosticada con cáncer. La Unión de Secundaristas del DF denunció esta "situación vexatória" que expone el carácter autoritario del modelo. El Fórum Distrital de Educación repudió la violencia policial en las escuelas, señalando que la militarización genera prácticas de acoso moral, sexual, agresiones físicas y restricción de libertades fundamentales.
La selección de escuelas para militarización sigue criterios políticos. En São Paulo, 72 de las 100 escuelas convertidas al modelo son de tiempo integral, atendiendo a estudiantes menos vulnerables. Solo dos están en la capital, concentrándose en el interior donde el electorado es más afín al gobierno. Investigadores destacan que incluso gobiernos de izquierda como Bahía y Maranhão adoptan este modelo como "moneda de cambio política", contribuyendo a un proyecto que renaturaliza la presencia militar en la sociedad y promueve control corporal, homofobia y racismo.
La militarización afecta especialmente a grupos vulnerables. Catarina de Almeida Santos, especialista en políticas educativas de la UnB, señala que este modelo selecciona quién permanece en la escuela, excluyendo a estudiantes de la diversidad, más pobres o neurodivergentes que no se adaptan a la rigidez. La educación pública debería adaptarse para recibir a todos los diferentes, pero la militarización hace exactamente lo contrario: moldea la escuela para que quepan solo quienes se ajustan al proceso.
Detrás de esta expansión hay un proyecto más amplio de mercantilización educativa. La lógica del "School Choice" norteamericano, promovida durante el régimen Trump, se reproduce en Brasil bajo la idea de que las familias pueden elegir entre diferentes modelos de escuela. Esta perspectiva neoliberal transforma la educación en mercancía y debilita la escuela pública como espacio de construcción colectiva. La derecha utiliza esta militarización como vitrina electoral, pero la izquierda que adopta el mismo expediente está cavando su propia tumba al contribuir a un proyecto que formará generaciones que eventualmente derribarán esos mismos gobiernos.