Lekil Kuxlejal -"buen vivir" en tzeltal- es una de ellas. Este documental no pide permiso: se adentra en el corazón de una comunidad maya tzeltal donde la tierra no se compra ni se vende, donde el territorio se cuida en asamblea, palabra por palabra, sueño por sueño.
No es cine de denuncia fácil. Es algo más incómodo: un espejo. La cámara no juzga desde afuera; acompaña, respira el ritmo de la milpa, escucha a los abuelos que advierten que "la tierra se cansa" cuando se explota. Aquí la defensa del territorio no es un acto heroico de un día, es la vida cotidiana: decidir colectivamente, sembrar la resistencia en cada maíz, negarse al modelo que reduce todo a rentabilidad.
El documental pone en jaque la palabra "progreso". ¿Progreso para quién? ¿A costa de qué? Cuando la mina, el monocultivo o el megaproyecto turístico llegan con sus promesas de empleo, Lekil Kuxlejal pregunta sin rodeos: ¿de qué lado estás?
No espera respuestas cómodas. Tampoco ofrece finales felices prefabricados. Lo que hace es recordarnos que otro mundo no solo es posible: ya existe, se practica cada mañana en las montañas de Chiapas. El problema es que el sistema insiste en no verlo.