MIGRAR O MORIR: EL CAPITALISMO NO EXPULSA, PRODUCE EXILIADES
Política Neoliberal

MIGRAR O MORIR: EL CAPITALISMO NO EXPULSA, PRODUCE EXILIADES

(★) .- Las migraciones forzadas no son accidentes ni decisiones individuales: son el resultado directo de cómo el capitalismo del siglo XXI organiza la precariedad, la desigualdad y la muerte.

El capitalismo contemporáneo no solo produce mercancías: produce migrantes. Así lo plantea un análisis crítico publicado en Abya Yala Soberana, que desmenuza cómo el sistema económico global genera condiciones de expulsión masiva de personas. Para inicios de la década del 2020, ya se contabilizaban unos 280 millones de migrantes internacionales, distribuides entre el Norte y el Sur globales. Detrás de esa cifra no hay una decisión libre: hay un engranaje que necesita trabajo barato, precarizado y desechable.
El texto identifica cuatro procesos clave del capitalismo actual: la producción constante de mercancías con demanda de mano de obra explotable, la hiperconcentración de riqueza en cada vez menos manos, el aumento brutal de la desigualdad socioeconómica y la crisis climática planetaria como resultado de la dominación capitalista sobre la naturaleza. Todo eso configura un panorama de precarización múltiple que empuja a millones a cruzar fronteras. En Estados Unidos, por ejemplo, las personas migrantes son trabajadores esenciales en la agroindustria, la construcción y los servicios, pero con salarios menores, sin seguridad social plena y sin prestaciones de ley. Son, dice el artículo, trabajadores baratos que además generan millonarias contribuciones fiscales.
Pero el análisis va más allá de la denuncia económica. Propone un abordaje crítico con tres movimientos: diagnosticar los escenarios de poder que producen la expulsión, posicionarse frente a las causas estructurales, e imaginar intervenciones concretas. Recupera la idea de la autonomía de las migraciones: las personas migrantes no son víctimas pasivas, sino sujetos con agencia, redes y estrategias. Desde las caravanas hasta las redes de apoyo mutuo en las fronteras, resisten y luchan.
El artículo también desmonta la criminalización migratoria. Denuncia cómo los discursos de "seguridad nacional" y las políticas de control fronterizo —como las del régimen Trump y sus aliados regionales— violan derechos humanos y se usan para ganar votos. Miles mueren cada año en el Mediterráneo, la frontera México-Estados Unidos o el Tapón del Darién. Frente a eso, la conclusión es clara: ningún ser humano es ilegal, y las migraciones forzadas merecen ser entendidas como lo que son, un producto histórico y estructural del capitalismo.