Hay un intento de limpiar la imagen de las fuerzas armadas y de los partidos que tuvieron responsabilidad directa en la violencia. No buscan reparar el dolor de las familias de las 69 mil víctimas que contó la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Quieren impunidad. Los que se llaman defensores de la memoria de los héroes caídos hablan del pasado para infundir miedo, no para buscar verdad.
El fujimorismo y otros actores quieren encuadrar la memoria en una sola vía. Recordar solo a los militares que murieron luchando contra el terrorismo. Ponerlos como los legítimos salvadores de la democracia. Así les impiden reflexionar sobre las torturas, las ejecuciones extrajudiciales y las violaciones sexuales que cometieron de manera sistemática. Su testimonio se vuelve verdad absoluta y niega el dolor de miles de ciudadanos.
La memoria negacionista solo mira su propio dolor y no escucha otras voces. Negar las masacres de Putis, Accomarca y Cayara sirve más a la institucionalidad militar que a la ciudadanía. Valida la militarización de la vida cotidiana frente a la inseguridad o las protestas. Y reescribir la historia con frases como dejar el resentimiento o reconciliarse solo perpetúa un horizonte violento.
La CVR dejó nueve tomos en 2003. Fue la labor más sistematizada sobre el periodo de violencia. Hoy hay un aparato orquestado para promover el autoritarismo, la impunidad y la injusticia. Las leyes de impunidad de 2025 y 2026 ponen en riesgo los casos de lesa humanidad. La esperanza está en la ciudadanía y los colectivos que siguen haciendo memoria. La memoria responsable seguirá siendo un punto de encuentro y dignificación para superar la desigualdad, el racismo y la deshumanización.