Según la entrevista publicada por Swissinfo, Vinzenz Hediger, el nuevo director de la Cinemateca Suiza, enfrenta el desafío monumental de preservar la memoria fílmica desde una perspectiva radicalmente democrática. El académico y excrítico, quien comenzó su carrera escribiendo para el diario popular 'Blick', lleva consigo una filosofía que cuestiona las jerarquías culturales establecidas.
Hediger señala que la institución, con sede en Lausana, posee la sexta colección cinematográfica más grande del planeta, un logro extraordinario para un país pequeño. Su visión busca desmantelar la tradicional división entre cine de autor y producciones industriales, reivindicando el valor artístico de películas por encargo y material efímero como los tráileres.
La Cinemateca funciona como un archivo de patrimonio mundial, no solo suizo, donde festivales internacionales dependen de sus copias originales subtituladas. Sin embargo, según la entrevista, el nuevo director enfrenta desafíos presupuestarios: el gobierno federal ha congelado la inversión, lo que equivale a un recorte real del 2 al 4%.
La pandemia trajo un efecto inesperado: mientras la gente limpiaba sus desvanes, redescubrieron tesoros cinematográficos. Hediger destaca especialmente las bobinas Pathé Baby de 9,5 mm filmadas por un residente del cantón de Vaud, que capturan paisajes locales con una calidad sorprendente. "Eso es el cine local: ir a una sala para ver tu propio hogar tal y como era hace 50 años", afirma con evidente pasión.
Su misión trasciende la preservación: busca hacer visible este patrimonio en toda Suiza a través de redes de cines asociados, colaboraciones televisivas y festivales regionales. En un mundo donde lo efímero digital amenaza con borrar la memoria, la Cinemateca Suiza se erige como bastión de resistencia, demostrando que hasta el material más aparentemente insignificante puede conmovernos cuando se presenta en el contexto adecuado.