La muestra "Ecos do Xingu: Memória, Terra e Ancestralidade" en el Centro Cultural Sesc Ver-o-Peso de Belém adquiere una dimensión política inesperada. Las imágenes de los pueblos Juruna y Arara, capturadas con sensibilidad por la fotógrafa paraense, dialogan directamente con las protestas que sacuden la región. La exposición gratuita, abierta hasta el 26 de abril, presenta retratos que van más allá del registro documental para convertirse en denuncia visual.
Las fotografías destacan la fuerza de mujeres y hombres indígenas, su relación con el territorio y los saberes tradicionales. Esta propuesta artística coincide temporalmente con la ocupación de la sede de la Funai en Altamira, que ya completa 17 días. Cerca de cien indígenas, mayoritariamente mujeres de las etnias Juruna, Xikrin, Xipaya, Kuruaya y Arara, exigen la anulación de la licencia minera otorgada a la empresa canadiense Belo Sun.
El proyecto minero pretende establecer la mayor mina de oro a cielo abierto del país en la Volta Grande do Xingu, región ya devastada por la hidroeléctrica Belo Monte. Las comunidades denuncian irregularidades en el proceso de licenciamiento, controlado por la Secretaría de Medio Ambiente del Pará bajo el gobierno de Helder Barbalho, conocido por apoyar proyectos predatorios. Exigen que el licenciamiento pase a la esfera federal bajo responsabilidad del Ibama.
La exposición de Walda Marques, inicialmente presentada en la COP-30, ahora muestra en Belém las caras de quienes resisten. El trabajo artístico presenta el artesanato nativo, los grafismos tradicionales y productos manufacturados para mercados nacionales e internacionales, evidenciando economías alternativas al extractivismo. Esta convergencia entre arte y activismo revela cómo la cultura se transforma en herramienta de resistencia frente a un modelo de desarrollo que prioriza el lucro sobre la vida. La muestra fotográfica, apoyada por la Norte Energia y el Gobierno del Pará, paradójicamente documenta los rostros de quienes enfrentan a esos mismos intereses económicos, demostrando que la memoria visual puede ser tan poderosa como la ocupación física de espacios institucionales.