En Brasil, 84.760 personas desaparecieron en 2025. Detrás de cada número hay una madre que busca, que espera, que resiste. Clarice, del Maranhão, perdió a su marido y a su hijo. Además del dolor, enfrenta el prejuicio: miradas y comentarios maliciosos cuando va a la ciudad. "Muchas tienen prejuicio, sí", lamenta. La investigación policial señala a un hombre que habría tenido contacto con las tres criaturas en la mata, pero las respuestas no llegan.
Ivanise Espiridião busca a su hija Fabiana desde 1995. Tenía 13 años cuando desapareció. Para no estar sola, creó el grupo Mães da Sé, que hoy reúne a más de seis mil madres en todo el país. "El Día de las Madres causa una mezcla de sentimientos", dice. El grupo usa el aplicativo Family Faces, con reconocimiento facial para localizar personas. Ivanise transformó su dolor en activismo: "Nuestra causa no tiene horario ni día específico".
Lucineide Damasceno también integra el Mães da Sé. Su hijo Felipe desapareció en 2008, a los 16 años. Creó la ONG Abrace para dar apoyo y alimentación a familias necesitadas. "Cuando conocí a mujeres que buscaban a sus hijos hace mucho tiempo, fue un choque de realidad", cuenta. Hace dos décadas que guarda los regalos de Navidad para Felipe, esperando su regreso.
La psicóloga Melânia Barbosa explica que la ausencia tiene características particulares. El poder público debería ofrecer soporte emocional, pero son los grupos de apoyo los que sostienen a estas familias. La Ley 11.259 determina que la búsqueda debe comenzar de inmediato, pero muchas familias humildes desconocen sus derechos. La organización colectiva es el único abrigo frente a un Estado que mira para otro lado.