La movilización estudiantil más grande de los últimos meses sacudió este jueves el centro de Santiago. Convocadas por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), miles de personas marcharon desde temprano por la Alameda para rechazar los ajustes presupuestarios impulsados por el gobierno de José Antonio Kast.
El detonante de la protesta fue un paquete de catorce medidas del Ejecutivo que incluye la descontinuación de programas alimenticios de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb). Los dirigentes estudiantiles denuncian que estos recortes golpean directamente las condiciones del sistema educativo y limitan el acceso a beneficios estatales para miles de alumnos de sectores populares. La consigna fue clara: la salud pública y la educación no se negocian.
La jornada tuvo momentos de alta tensión. Al pasar frente a La Moneda, Carabineros activó carros lanza aguas y gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. El Metro debió cerrar las estaciones Moneda, Los Héroes y República, y el tránsito vehicular por la Alameda quedó interrumpido. La represión no logró, sin embargo, desmovilizar a una comunidad estudiantil que viene acumulando malestar desde el inicio del régimen Kast.
Lo que se juega en estas calles va más allá del presupuesto educativo. Es la defensa de un modelo de derechos que el actual gobierno busca desmantelar con tijera fiscal. La respuesta masiva de estudiantes secundarios y universitarios demuestra que, pese a la dispersión policial, la organización colectiva sigue siendo la herramienta más potente para frenar el ajuste. La Alameda volvió a ser, una vez más, el termómetro de un Chile que no se rinde.