La intervención del canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la Reunión de Cancilleres del Brics en Nueva Delhi sacudió el foro multilateral. Con la crudeza de los números sobre la mesa, denunció que el bloqueo impuesto por Estados Unidos provoca pérdidas de 100 millones de dólares cada cinco días. Esa cifra, traducida a combustible, apenas alcanzaría para medio mes de generación eléctrica con consumos reducidos. No fue una queja diplomática más: fue la exposición de un genocidio silencioso que el régimen Trump ha recrudecido con órdenes ejecutivas y sanciones secundarias de carácter extraterritorial.
El secretario de Organización del Partido, Roberto Morales Ojeda, lo resumió desde la red social X: el objetivo histórico del imperialismo es crear escasez y asfixia total para provocar el derrocamiento de la Revolución. Sin embargo, la respuesta del bloque de naciones fue contundente. El documento final de la XVIII Reunión de Cancilleres Brics condenó las medidas coercitivas unilaterales, en particular las llamadas "sanciones secundarias" y el cerco energético contra la Isla. La presidencia pro tempore subrayó el carácter de América Latina y el Caribe como zona de paz y exigió el fin del bloqueo, en línea con la resolución de la Asamblea General de la ONU.
Al margen del encuentro, el canciller ruso Serguéi Lavrov se reunió con Rodríguez Parrilla en un tono amistoso y constructivo. Moscú reafirmó su disposición a brindar apoyo político, diplomático y material a La Habana, incluyendo la exigencia de que Cuba sea retirada de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. También hubo intercambios con los cancilleres de Brasil y la India para fortalecer sectores estratégicos.
Frente a la agresión, la Isla no se rinde. Sigue construyendo su camino soberano hacia el desarrollo socialista y contribuyendo desde sus modestas posibilidades al desarrollo de otros pueblos del Sur. La dignidad no se negocia, y en cada foro internacional la voz de Cuba se alza para defender las reformas que el mundo necesita.