Más de 150 millones de hectáreas arrasadas en los primeros meses de 2026. La cifra, revelada por la red World Weather Attribution, representa un 50% más que el promedio reciente y el doble de lo quemado en 2024 para el mismo período. Friederike Otto, científica del Imperial College de Londres, no deja espacio para dudas: el cambio climático antropogénico es el gran responsable de esta escalada de fuego y calor extremo.
Argentina, Chile, Estados Unidos, Australia, África y Asia ya sintieron el zarpazo de las llamas. En Sudamérica, los incendios arrasaron 10 hectáreas por minuto, avivados por sequías históricas y olas de calor que los científicos vinculan directamente con la quema de combustibles fósiles. La Amazonía, el Pantanal y la Chiquitanía boliviana —ya devastadas entre 2023 y 2024— vuelven a estar en la mira de un fenómeno El Niño que, según Theodore Keeping, podría generar los incendios "más altos que se hayan visto en la historia reciente".
Pero el fuego no solo quema árboles. Jemilah Mahmood, del Centro Sunway para la Salud Planetaria, alerta que el humo de estos incendios es 10 veces más nocivo que la contaminación vehicular y causa 339.000 muertes anuales. La mayoría ocurre en países de renta baja y media, donde los sistemas de salud ya colapsan. A esto se suman 546.000 muertes por olas de calor, un "asesino silencioso" que apenas recibe atención mediática ni fondos de emergencia.
El hielo marino del Ártico marcó un mínimo histórico por segundo año consecutivo, las temperaturas oceánicas rompen récords y 2026 se perfila como el año más cálido jamás registrado. La Organización Meteorológica Mundial sentencia que el planeta está en un "estado de mayor desequilibrio que en cualquier otro momento de la historia". Mientras tanto, los gobiernos siguen sin políticas climáticas a la altura de la emergencia. El agua ya hierve, y el sapo aún no salta.