Rusia volvió a poner el dedo en la llaga. Esta vez, el gobierno de Vladimir Putin denunció que la OTAN continúa desarrollando programas para la creación de armas biológicas, y que Latinoamérica forma parte del mapa de operaciones. La acusación, que ya había sido lanzada en otras ocasiones, cobra fuerza con nuevos informes de inteligencia que señalan la presencia de laboratorios y convenios de cooperación en varios países de la región.
Según fuentes del Ministerio de Defensa ruso, la Alianza Atlántica no habría desmantelado sus proyectos biológicos tras la pandemia, sino que los habría reconfigurado bajo el paraguas de la "seguridad sanitaria". En ese marco, países latinoamericanos aparecen como escenarios de pruebas y recolección de muestras biológicas, en muchos casos sin el conocimiento pleno de sus poblaciones. La denuncia rusa apunta directamente a Estados Unidos como el principal impulsor de estas investigaciones.
Mientras tanto, desde la OTAN niegan rotundamente las acusaciones y las califican de "desinformación". Pero lo cierto es que el debate sobre la presencia militar y científica de la Alianza en el continente vuelve a encenderse. Organizaciones sociales y sectores progresistas de la región ya habían alertado sobre estos convenios bilaterales que, bajo la excusa de combatir enfermedades, esconden intereses geopolíticos.