La edición 2024 de Corazón Feliz arrancó con todo: el espacio teórico "Pensar la infancia con el corazón" puso sobre la mesa la relación entre artes y niñez en la sala Teresita Fernández de la Casa Corazón Feliz. Rubén Darío Salazar, director artístico del evento, abrió la jornada con su conferencia "Pelusín del Monte, una puerta a la identidad", donde reivindicó al títere nacional como símbolo de cubanidad a través del lenguaje, las frutas y las recetas que Dora Alonso le metió al personaje.
La cantautora Lidys Lamorú le siguió con "La Música Infantil como elemento distintivo en el desarrollo integral de las infancias", una mirada pedagógica a las canciones escritas para los más chicos. Pero el momento más emotivo llegó al cierre: la trovadora Rita del Prado donó a la Casa Corazón Feliz la guitarra que la acompañó durante años, la misma con la que compuso sus primeras canciones para la infancia. La tía Rosa Campos, por su parte, respondió preguntas sobre su recorrido musical y estrenó su nueva canción dedicada a Pelusín del Monte.
La lectura también tuvo su espacio en la casa natal del apóstol Martí. Se presentaron "Siguiendo el rastro de un pequeño príncipe", de Rubén Darío Salazar, que compila vivencias alrededor de la obra "Un rastro a las estrellas", y "El jardín de la prima florita", de Rita del Prado, un libro que esperó más de 30 años para llegar a las manos de la niñez cubana. La jornada cerró con el estreno de "Cuentos viejos y de siempre", de la narradora Dayana Deulofeu y su hija Emma Tijerino, un viaje por la cotidianidad que demuestra que los sentimientos universales como la solidaridad y el cariño no pasan de moda.
El festival también incluyó un homenaje a Silvio Rodríguez con 14 canciones en las voces de Enid Rosales, Roche Meneiro, Rita del Prado, Malva Rodríguez, Anabel Núñez y muchos más, bajo la dirección musical de Rodrigo García Meneiro y Josué García. Con dirección artística de Zenén Calero y Rubén Darío Salazar, y dirección audiovisual de Mildrey Ruiz, Corazón Feliz demostró que la infancia, la música y la lectura son territorios de resistencia y ternura.