El 3 de enero pasado, el mundo se despertó con una noticia que parecía guión de película: el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa habían sido secuestrados por Estados Unidos en un operativo militar. Las reacciones populares fueron escasas para la gravedad del hecho. La manifestación más grande de rechazo se dio en Montevideo, lo que habla bien de Uruguay pero mal del resto del continente. En la propia Venezuela, la reacción osciló entre la desinformación y la incertidumbre. Mientras algunos decían que esto nunca había pasado, otros señalaban que la historia se repite una y otra vez.
Quienes sostienen lo segundo tienen razón. El antecedente más directo de un secuestro a un presidente hay que buscarlo en 1989, cuando Estados Unidos invadió Panamá, rodeó a Manuel Noriega en la embajada del Vaticano y lo obligó a entregarse. Ahora, el 20 de mayo, aparecieron noticias de que Raúl Castro fue acusado formalmente por la justicia estadounidense de ser responsable de la muerte de los pilotos de Hermanos al Rescate en 1996. Esto recuerda a la acusación contra Maduro como jefe del Cartel de los Soles, que nunca nadie pudo probar que existiera. Son parte de un plan de cercamiento a Cuba, asfixiada por el bloqueo que Trump recrudeció y que Biden mantuvo, demostrando que demócratas y republicanos se diferencian en las formas pero no en el fondo.
El texto "La perra otra vez en celo", que Rodney Arismendi escribió en 1981 durante su exilio en Moscú, analiza el Documento de Santa Fe, redactado por asesores de Ronald Reagan para reordenar la política exterior norteamericana. Ese documento no era otra cosa que una Doctrina Monroe 2.0: el continente americano como extensión territorial al servicio de los intereses de Estados Unidos. Arismendi plantea que lo que hay es una combinación de chantaje intimidatorio y belicismo sin máscara, y que Washington organiza una gigantesca maniobra militar en el Caribe tomando por base el canal de Panamá. La vigencia del texto es total: el año pasado hubo amenazas de Estados Unidos a Panamá por un acuerdo comercial con China, y el portaaviones Nimitz, que Arismendi menciona, volvió a aproximarse a Guantánamo.
Arismendi propone generar las condiciones para la más amplia unidad antifascista, como la que se dio en Nicaragua en torno al Frente Sandinista, donde se congregaron desde sacerdotes católicos hasta revolucionarios marxistas. La violencia intimidatoria puede hacer vacilar a sectores de la burguesía nacional, pero el vigor de la respuesta de masas y la lucha política no aceptaría el movimiento revolucionario. Si se compara el Documento de Santa Fe de 1981 con la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos de 2025, punto por punto hay continuidades. Lo que cambian son algunos nombres y circunstancias, pero el fondo es el mismo. La naturaleza del imperialismo norteamericano es profundamente belicista y agresiva, y hoy, en su declive relativo, se vuelve aún más peligroso. Las circunstancias cambian, pero el fondo del tema es el mismo.