El movimiento obrero canadiense salió al ruedo para declarar su solidaridad con Cuba en un contexto de creciente agresión imperialista. La central sindical más grande del país, el Congreso del Trabajo de Canadá (CLC), emitió una declaración contundente respaldando al pueblo cubano y rechazando el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos que lleva más de seis décadas asfixiando a la isla.
La declaración no es un gesto vacío. Viene acompañada de acciones concretas: los sindicatos canadienses se comprometieron a impulsar campañas de información entre sus bases, presionar al gobierno de Ottawa para que rompa con la complicidad del cerco imperialista y fortalecer los lazos de hermandad con la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). En un momento donde el régimen Trump redobla su ofensiva contra la isla —incluyendo la reactivación del Título III de la Ley Helms-Burton y medidas que recuerdan a la invasión de Bahía de Cochinos—, la respuesta de la clase trabajadora del norte es clara: con Cuba no se jode.
El respaldo sindical canadiense se suma a una ola internacional de solidaridad que crece a pesar de la propaganda neoliberal. Mientras las corporaciones y los gobiernos lacayos del imperio aprietan el cerco, los trabajadores y trabajadoras organizadas demuestran que la lucha antimperialista no tiene fronteras. La declaración del CLC es un recordatorio de que el internacionalismo proletario sigue vivo y que la dignidad del pueblo cubano no se negocia.