La lucha por la tierra no puede entenderse sin la mirada de las mujeres que la habitan y la trabajan. Así lo plantea una historiadora y militante del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), quien sostiene que es urgente hablar de la reforma agraria desde el feminismo campesino y popular. La propuesta no es un agregado: es una relectura completa de cómo se piensa el acceso a la tierra, la producción de alimentos y la soberanía de los pueblos.
La obra de Rosa Negra, mencionada en el artículo, profundiza en esa dirección al poner el foco en el protagonismo de las mujeres negras en el campo. A partir de ahí, la autora analiza la Ley de Tierras de 1850, un hito legal que en Brasil consolidó la concentración de la propiedad rural y excluyó a las mayorías empobrecidas, especialmente a las mujeres racializadas. La investigación conecta el pasado con el presente y muestra cómo las estructuras de opresión se mantienen vivas si no se incorpora una perspectiva feminista y antirracista.
El planteo de la militante del MST no es solo teórico. Detrás de cada ocupación, cada asentamiento y cada feria de la reforma agraria hay mujeres organizadas que sostienen la producción agroecológica, la educación popular y la resistencia cotidiana. Hablar de reforma agraria desde el feminismo campesino y popular es, entonces, reconocer que sin ellas la lucha por la tierra queda incompleta.