En la Amazonía ecuatoriana, las mujeres del pueblo siekopai, conocidas como Tari Nomiowa’i o “mujeres tortuga”, vienen recuperando las poblaciones de charapa en el río Aguarico. Durante la temporada 2025-2026 lograron que 208 crías de esta especie vulnerable regresaran al agua, combinando conocimientos ancestrales con ciencia comunitaria para rescatar nidos, incubar huevos y liberar tortugas.
En los bosques de La Chinantla, Oaxaca, México, las mujeres chinantecas se meten al monte con cámaras trampa para monitorear jaguares, pumas y ocelotes. Desde 2023, cuando las políticas ambientales empezaron a incluirles, estas monitoras combinan el trabajo de conservación con la milpa, el café y las tareas domésticas. Su presencia no solo cuida la biodiversidad, sino que abre camino para que las más jóvenes se metan de lleno en la defensa del territorio.
En Bolivia, las comunarias quechuas de la organización Warmi Kewiña encabezan la restauración de los bosques andinos del Parque Nacional Tunari. En seis años plantaron más de 1,7 millones de árboles de kewiña, una especie nativa clave para proteger las fuentes de agua que abastecen a miles de personas. Para 2025, la tasa de supervivencia de los árboles superó el 80 por ciento.
Tres experiencias, un mismo hilo: mujeres indígenas enfrentando la crisis ambiental desde el territorio, sin esperar a que los gobiernos o los mercados resuelvan lo que ellas ya están resolviendo con sus propias manos.