Junio es el mes del orgullo por una combinación de historia y marketing, pero debajo del arcoíris hay algo que quizás no sepan los creativos de las agencias de publicidad. El 28 de junio de 1969, en el bar Stonewall del barrio Greenwich Village en Nueva York, la policía llegó sin avisar para hacer una redada. Lo que no sabían era que esa madrugada iba a desatar una revuelta de tres noches con barricadas improvisadas en la calle que marcaron el nacimiento del movimiento por la liberación sexual. Pero Stonewall no fue el principio de todo: fue la chispa que encendió un polvorín que venía armándose desde hacía décadas.
En la década de 1960, la homosexualidad se penalizaba de distintas formas. En Nueva York regía una vieja ley contra los disfraces que se usaba para arrestar a personas que no se vestían conforme al género, y los bares tenían prohibido servir alcohol a personas homosexuales. El Stonewall era un bar semiclandestino administrado por la mafia, donde las drags eran bienvenidas y se podía bailar, algo prohibido en otros lugares. La mafia tenía arreglos con la policía, pero esa madrugada los efectivos llegaron sin avisar. Cuando empezaron a llevarse a una mujer al patrullero, ella se resistió, la gente que pasaba empezó a gritarle a la policía y se armó una batalla campal.
La versión más documentada señala a Stormé DeLarverie, una cantante lesbiana que forcejeó con la policía con la cabeza ensangrentada mientras le gritaba a la gente "¿por qué no hacen algo?". Pero esa madrugada empezó mucho antes. El historiador marxista John D'Emilio explica que el capitalismo había socavado la base material de la familia nuclear, permitiendo que muchas personas vivieran lejos de sus familias y construyeran comunidades urbanas donde podían relacionarse con personas de su mismo género. Al mismo tiempo, terminada la guerra, el Estado reforzó la criminalización de la homosexualidad: el FBI perseguía activamente a personas homosexuales, la policía allanaba los bares y el Estado despedía a cualquier empleado sospechado de homosexualidad, considerándolos "permeables a las ideas del comunismo". Se estableció así una relación entre el miedo al comunismo y la hostilidad hacia la homosexualidad, conocida como la "amenaza lavanda".
En ese contexto aparecieron las primeras organizaciones como Mattachine Society y Daughters of Bilitis, que rompieron con las nociones aceptadas del comportamiento homoerótico y fueron pioneras en concebir a las personas homosexuales como una minoría oprimida. Muchos de sus activistas se habían formado en círculos de izquierda y en el movimiento por los derechos civiles. Cuando explotó Stonewall, el espíritu militante de la época había contagiado incluso a esas organizaciones. Las personas que se sumaban a las barricadas eran jóvenes radicales, estudiantes rebeldes que ya sospechaban del sueño americano, que se movilizaban contra la discriminación y contra la guerra. Cuando se levantó la bandera del poder gay en la calle Christopher, un montón de gente se encolumnó espontáneamente, como había pasado antes con las banderas del poder negro, del poder latino y del poder de las mujeres.
Un año después de la revuelta se organizó una marcha para celebrar ese aniversario, la llamaron el Día de Liberación de la calle Christopher. Decidieron que fuera de día para que la viera todo el mundo. Una de las consignas que se cantó fue "decirlo fuerte, gay es orgullo". Orgullo en 1969 significaba no dejarse humillar y enfrentar a los que humillaban a la mayoría todos los días, luchar juntos sin caer en la trampa de que hay agendas de minorías y otras agendas que son de todos. La bibliografía obligatoria sirve para que el orgullo vuelva a tratarse de eso.