EL MUNDIAL 2026 TAMBIÉN SE JUEGA EN LOS MICRÓFONOS: CUANDO NARRAR EL FÚTBOL ES REPETIR EL GUION COLONIAL
Opinión

EL MUNDIAL 2026 TAMBIÉN SE JUEGA EN LOS MICRÓFONOS: CUANDO NARRAR EL FÚTBOL ES REPETIR EL GUION COLONIAL

(★) .- Mientras el torneo avanza en canchas de Estados Unidos, Canadá y México, el periodismo deportivo latinoamericano vuelve a caer en la misma trampa: admirar a Europa y despreciar lo latinoamericano.

El Mundial 2026 está en marcha y, como siempre, los micrófonos argentinos vuelven a la carga con el mismo guion cansado: el fútbol europeo es "táctica", "orden", "evolución"; el latinoamericano es "caos", "improvisación", "algo que hay que superar". No es que digan abiertamente "el europeo es mejor". Es más sucio: lo presentan como el destino inevitable. Como si el fútbol latinoamericano fuera una etapa anterior, algo que quedó atrás.
Y el desprecio es sutil pero constante. Escuchás a un tipo en la radio decir "esto no es el fútbol de antes, ahora hay que jugar como ellos". ¿Quiénes son "ellos"? ¿Por qué "ellos" son el estándar? ¿Quién decidió que el fútbol se mide por la posesión de pelota, por la presión alta, por los metros recorridos? Nadie. Pero se asume. Se asume porque el dinero está ahí, porque las transmisiones llegan de ahí, porque los premios se dan ahí. Y entonces el periodista repite, sin darse cuenta, que el fútbol latinoamericano es "menos", que tiene que "aprender", que tiene que "profesionalizarse".
Pero acá hay otra verdad incómoda que los relatos colonizados no quieren tocar: el fútbol argentino ya se aburguesó. Se comercializó, se europeizó por dentro, destila burguesía por los poros. La AFA es una empresa, los clubes son negocios, los jugadores se forman en academias que imitan modelos europeos desde los ocho años. El "potrero" ya no existe como espacio social real: existe como nostalgia de marketing, como escenografía para documentales que venden "autenticidad" a audiencias que nunca pisaron uno. Y Messi, el ícono máximo, es producto de esa transformación: su carrera se construyó en Barcelona y París, con recursos europeos, bajo lógicas europeas. No es una traición personal: es la estructura. Ponerlo como bandera del "fútbol latinoamericano" es, en sí mismo, un acto de colonialidad cultural.
Entonces ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de "fútbol latinoamericano"? No de una esencia pura que hay que defender. Estamos hablando de formas de jugar, de pensar el juego, que persisten a pesar de la colonización comercial y mediática. De jugadores que, incluso formados en academias burguesas, siguen haciendo cosas que no entran en el manual europeo. De hinchadas que cantan, de canchas que vibran, de una relación con la pelota que no se reduce a eficiencia. No son "mejores" ni "peores": son otras, y no necesitan permiso.
El problema es que nuestros propios periodistas no lo ven. O no quieren verlo. Prefieren mirar a Europa con ojos de perrito faldero y hablar del fútbol latinoamericano como si fuera un problema a resolver. No es un problema. Es una forma de jugar, de sentir el juego. Y no necesita validación.
Mientras tanto, el Mundial 2026 se juega en nuestra tierra —Estados Unidos, Canadá, México— y los relatos siguen sonando a traducción de ESPN. Seguimos escuchando el grito ajeno, convencidos de que es el nuestro.