EL FANTASMA QUE PERSIGUE A TRUMP: EL COMUNISMO VUELVE A SER LA PESADILLA DE LA DERECHA
Opinión

EL FANTASMA QUE PERSIGUE A TRUMP: EL COMUNISMO VUELVE A SER LA PESADILLA DE LA DERECHA

(★) .- El régimen de Trump revive el anticomunismo más rancio para justificar su ofensiva autoritaria y antisindical.

El espectro del comunismo vuelve a rondar a Donald Trump. Así lo plantea un análisis publicado en People's World, que desmenuza cómo el líder republicano y su entorno han resucitado el fantasma rojo como herramienta de propaganda para disciplinar a la oposición y avanzar su agenda reaccionaria. No es casualidad: cada vez que la derecha necesita un enemigo que justifique el ajuste, el autoritarismo y la represión, saca del baúl el mismo discurso anticomunista de la Guerra Fría.
Trump ha declarado que "los comunistas finalmente están haciendo su movimiento", una frase que no solo busca generar pánico moral entre su base, sino también allanar el camino para leyes represivas contra sindicatos, organizaciones populares y cualquier expresión de disidencia política. La estrategia es vieja conocida: fabricar una amenaza existencial para justificar medidas que, en tiempos normales, serían rechazadas por amplios sectores de la sociedad estadounidense.
El artículo señala que esta ofensiva ideológica corre en paralelo a ataques concretos contra derechos laborales y civiles. Mientras Trump agita el espantajo comunista, su régimen impulsa proyectos como la ley SAVE, un mecanismo de supresión del voto que afecta desproporcionadamente a comunidades negras, latinas y migrantes. Sindicatos y organizaciones de derechos civiles ya se han puesto en pie de lucha para frenar esta avanzada.
Lo que revela este análisis es que el anticomunismo trumpista no es solo una pose nostálgica de la época de McCarthy, sino una herramienta activa para desmovilizar a la clase trabajadora y fragmentar cualquier intento de organización colectiva. En un país donde la desigualdad explota y la precarización laboral avanza, el discurso del miedo al comunismo busca tapar el sol con un dedo: desviar la atención de los verdaderos responsables de la crisis.
La historia se repite, pero la resistencia también. Como advierten los analistas, el fantasma que realmente debería preocupar a Trump no es el comunismo, sino un pueblo organizado que ya no traga con cuentos de terror baratos.