La periodista e investigadora Vanessa Oliveira publicó un trabajo que sacude el tablero: cinco años de investigación para mostrar cómo Google y otras big techs de Estados Unidos están avanzando sobre Cuba como parte de una nueva forma de colonialismo digital. El libro, analizado por Brasil de Fato, no es una denuncia más: es una radiografía de cómo el imperio cambió de piel pero no de objetivos.
Lo que Oliveira demuestra con datos concretos es que la llegada de Google a la isla no fue un gesto de buena voluntad ni un puente hacia la modernización. Fue, ni más ni menos, una operación de zapa. Mientras el régimen de Trump y sus sucesores mantienen el bloqueo económico más feroz de la historia moderna, las corporaciones tecnológicas abren una segunda trinchera: la del control de los datos, la infraestructura digital y la soberanía informática de Cuba.
La investigación de Oliveira no se queda en la denuncia abstracta. La autora rastreó los mecanismos concretos mediante los cuales Google intenta penetrar el ecosistema digital cubano, ofreciendo servicios "gratuitos" que en realidad funcionan como caballos de Troya. Detrás de cada aplicación, cada servidor y cada acuerdo, hay una lógica de dependencia que replica, en el plano digital, las viejas relaciones de dominación colonial.
El libro llega en un momento clave. Mientras el mundo discute sobre inteligencia artificial, big data y vigilancia masiva, Cuba enfrenta una batalla silenciosa por mantener el control de su propia infraestructura tecnológica. La investigación de Oliveira demuestra que la soberanía digital no es un lujo para países periféricos: es una condición de supervivencia frente a un imperio que ya no necesita cañones para someter, le alcanza con algoritmos.