El artículo de Arthur González, publicado en el Heraldo Cubano, sostiene que la embajada de Estados Unidos en La Habana funciona como un centro de espionaje y desestabilización política desde el 1 de septiembre de 1977, cuando abrió como Sección de Intereses tras la ruptura de relaciones diplomáticas del 3 de enero de 1961. La fuente denuncia que sus instalaciones han albergado a cientos de oficiales de la CIA y otras agencias de inteligencia dedicados a reclutar cubanos como espías y organizar acciones contrarrevolucionarias, en violación directa del artículo 41-1 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que prohíbe inmiscuirse en los asuntos internos del Estado receptor.
El texto señala que en 1987 Cuba se vio obligada a denunciar públicamente a decenas de oficiales de la CIA que operaban bajo fachada diplomática, y que la sede estadounidense llegó a inaugurar tres centros ilegales para entrenar a organizaciones contrarrevolucionarias internas. La situación no cambió ni siquiera después del restablecimiento de relaciones diplomáticas. El actual Encargado de Negocios, Mike Hammer, es señalado por aprovechar las facilidades que le brinda la cancillería cubana para entrevistarse con elementos contrarrevolucionarios y recabar información sobre el impacto de la guerra económica recrudecida por el secretario de Estado Marco Rubio, con el objetivo de incrementar las medidas de asfixia y provocar estallidos sociales.
Entre las actividades más recientes denunciadas están la convocatoria para que los cubanos escriban a la embajada exponiendo sus opiniones sobre la libertad, con el pretexto del 250 aniversario de la independencia estadounidense, y el lanzamiento del programa de subvenciones “Hacia una Cuba Libre y Próspera”. Este programa, según la fuente, manipula el ideario de José Martí al vincularlo con valores como “la libertad de expresión, el acceso a información imparcial y la prosperidad individual sin intervención del gobierno”, y exige que todos los proyectos incluyan un componente que promueva la comprensión de los valores y la cultura de Estados Unidos, so pena de no ser elegibles. La embajada también rindió homenaje a artistas de origen cubano con posiciones contra la Revolución, como Willy Chirino y Gloria Estefan.
El artículo también revela que el segundo de Hammer, Roy Perrin, sostuvo una reunión de trabajo el 26 de junio de 2026 con el teniente general Evan Pettus, comandante adjunto del Comando Sur de EE.UU., para tratar el tema de Cuba, en un contexto de recrudecimiento económico y amenazas públicas del presidente Donald Trump de atacar militarmente la Isla. Perrin, que ingresó al Servicio Exterior en 1999 y prestó servicios en Costa Rica, China, Venezuela, Tailandia y Honduras, también se reúne en Miami con la llamada Fundación Nacional Cubano Americana, integrada por hijos y nietos de los testaferros del dictador Fulgencio Batista y miembros de organizaciones terroristas que actúan con total impunidad. La fuente concluye que la embajada yanqui en La Habana no es más que un centro de subversión política y espionaje, y recuerda las palabras de José Martí: “Abrir la casa a nuestros enemigos es darnos a ellos y no librarnos de ellos”.