LA FIFA Y SU MUNDIAL DE LA HIPOCRESÍA: NEGOCIOS, GUERRAS Y DOBLE RASERO
Política Imperial

LA FIFA Y SU MUNDIAL DE LA HIPOCRESÍA: NEGOCIOS, GUERRAS Y DOBLE RASERO

(★) .- El analista Rolando Drumundo desnuda la geopolítica detrás del torneo: un evento que se vende como apolítico mientras abraza a Trump, excluye a unos y premia a otros según convenga.

El Mundial 2026 es el primero con 48 selecciones, pero lo realmente atípico no es el número de equipos sino el contexto político que lo rodea. Arrancó con un país en guerra contra otro de los participantes, un presidente estadounidense hostigando a sus vecinos —con amenazas de anexión a Canadá y ataques militares contra México— y una política migratoria que impide que el 80% de la población mexicana pueda cruzar la frontera para ver los partidos. La FIFA, que insiste en que el fútbol no tiene nada que ver con la política, le regaló a Donald Trump un "Premio de la Paz" creado especialmente para la ocasión, un gesto que según Drumundo buscó compensar que el magnate no ganara el Nobel.
La organización que dirige Gianni Infantino comparte con Trump una misma lógica de negocios: maximizar ganancias sin importar el contexto ético ni los abusos. Mientras los precios de las entradas se disparan —una final puede costar hasta 11.000 dólares—, la FIFA exige a las ciudades anfitrionas exenciones fiscales y privilegios legales a cambio de usar dinero público. En Canadá, Montreal rechazó la inversión; Estados Unidos, con su capacidad económica, se queda con más del 80% de los partidos, todos los cuartos de final, las semifinales y la final. México y Canadá son solo decorado para vender la idea de que "el fútbol une".
El doble rasero es la regla. Rusia fue sancionada y excluida a los cuatro días de invadir Ucrania, pero Israel no enfrenta ninguna medida por su guerra en Gaza. Estados Unidos atacó Irán y nadie lo sancionó. La FIFA amenazó a Irán con castigos si se negaba a participar, mientras Trump se negaba a garantizar la seguridad de su delegación. La organización reconoce a Escocia y a Curaçao como miembros, pero no a Cataluña, Osetia del Sur ni Abjasia. No hay criterios fijos: todo depende de las relaciones de poder y de lo que convenga a los patrocinadores.
Drumundo recuerda que la historia de la FIFA está llena de complicidades con regímenes autoritarios: Mussolini en 1934, la dictadura argentina en 1978, el nazismo en 1938. Catar y Arabia Saudí —que será sede en 2034— son los ejemplos más recientes de cómo el dinero y la ausencia de oposición política facilitan los negocios. Para la FIFA, un país sin democracia es más práctico: no hay críticas ni rendición de cuentas. El fútbol, mientras tanto, funciona como una droga que distrae a las mayorías de sus problemas cotidianos, como se vio con las 800.000 personas celebrando en las calles de México un triunfo menor.
El analista sostiene que el cambio no vendrá desde adentro de la FIFA, sino de los estados. Recuerda que en los años 70 Cuba propuso que los Juegos Olímpicos fueran gestionados por la UNESCO, pero la Unión Soviética frenó la iniciativa. Hoy, con el mundo desplazándose hacia Asia y Estados Unidos perdiendo hegemonía, podría abrirse una ventana para reorganizar el deporte internacional. Pero hace falta voluntad política de potencias globales dispuestas a poner límites a una entidad privada que, sin rendir cuentas, decide qué ocurre dentro de los estados que la financian con dinero público.