La ISP salió al cruce de las negociaciones globales por un acuerdo de pandemias y dejó clarito que no se puede seguir repitiendo la misma película de siempre: que los países del Sur compartan sus datos y muestras de patógenos, pero después se queden afuera cuando las farmacéuticas se llenan de plata con las vacunas que se desarrollan con esa información.
El sistema PABS, que está sobre la mesa, propone intercambio de patógenos y datos científicos para acelerar vacunas, medicamentos y diagnósticos, y también una distribución más justa de los beneficios. Pero la ISP advierte que hay una grieta enorme entre los países: los desarrollados quieren que compartir información sea obligatorio, pero se niegan a asumir compromisos equivalentes para garantizar el acceso a las tecnologías que surgen de ahí.
Frente a esto, la organización regional defiende un sistema vinculante y transparente, con compromisos obligatorios de distribución de beneficios, gobernanza multilateral y una base de datos manejada por la OMS. La postura es clara: sin reglas que obliguen a los países ricos a poner las tecnologías al alcance de todos, cualquier acuerdo sobre pandemias va a ser letra muerta para las mayorías.