LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS SIGUE AUSENTE DE LAS AULAS UNIVERSITARIAS
Arte y Pensamiento

LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS SIGUE AUSENTE DE LAS AULAS UNIVERSITARIAS

(★) .- Un análisis crítico advierte que la crisis de la UNAM y de la educación superior va mucho más allá de los procesos de admisión y exige una revisión profunda de su función social. Entrevista de Rompeviento TV.

El periodista y doctor en Filosofía de la Comunicación, Fernando Buen Abad, plantea que la discusión sobre la crisis universitaria no puede agotarse en los exámenes de selección o en las denuncias de corrupción. Para el autor, el debate debe interrogar el papel de las universidades en el presente, sin que esa crítica sirva de combustible a las tesis privatizadoras de la derecha. En Argentina, advierte, el desfinanciamiento estatal ya impide que algunas casas de estudio enciendan las luces, mientras se consolida la mercantilización de la enseñanza y la evaluación.
Buen Abad sostiene que la reflexión debe radicalizarse en dos frentes: el teórico-metodológico y el de la praxis. La pregunta central es si las universidades trabajan hoy en la producción social del conocimiento que los pueblos necesitan. Relata que conoce facultades que se enorgullecen de su tradición conservadora y reaccionaria, con plantas docentes que perpetúan sesgos racistas y discriminatorios. También menciona carreras de derecho que, al decir de Cantinflas, educan para lo chueco, y licenciaturas en administración que forman expertos al servicio del saqueo empresarial.
En la entrevista critica el burocratismo en las aulas, donde un profesor impone un libro de su preferencia durante décadas sin espacio para la crítica ni el consenso. Esa rutina, extendida en universidades de Aguascalientes, Jalisco, San Luis Potosí y Oaxaca, moldea la vida intelectual de los estudiantes y proyecta un daño a futuro. Frente a esto, recuerda que Umberto Eco ya señalaba que un teléfono celular contiene tanta o más información que casi cualquier universidad, lo que obliga a preguntarse qué aportes concretos genera la investigación actual.
El análisis vincula esta crisis con el proyecto de la Cuarta Transformación y la idea de construir una revolución de las conciencias, anclada en la praxis que defendía Adolfo Sánchez Vázquez. Buen Abad afirma que el aula es el territorio cotidiano donde debe gestarse esa transformación, y que las universidades no pueden vivir de espaldas a ese mandato social. Exige que todos los estamentos del proyecto educativo nacional se impregnen de ese espíritu transformador.
En cuanto a la raíz de la crisis, el autor sostiene que se trata de un intento sistemático de domesticar la conciencia humana. El aprendizaje se ha convertido en obediencia y la inteligencia en una destreza para el mercado. Ser estudiante debería implicar una rebeldía permanente contra la ignorancia y la postergación, pero las becas y las promesas de empleo terminan amansando a la juventud para que sirva a un modelo que la aplasta. La ética de la formación universitaria debería ser la ética de la rebeldía al servicio del pueblo, como enseñaba Sánchez Vázquez.
Sobre los derechos humanos, Buen Abad recuerda que la UNESCO estima que más de 250 millones de niñas, niños y jóvenes permanecen fuera de la escuela, mientras millones que sí asisten no logran aprendizajes fundamentales. El sistema capitalista no garantiza ni la igualdad de oportunidades ni la igualdad de condiciones para educarse, y en las zonas rurales el acceso a la escuela es un viacrucis que ni siquiera asegura la alimentación básica. El autor llama al movimiento de la Cuarta Transformación a una autocrítica profunda, y afirma que el actual secretario de Educación Pública no está a la altura del cargo.
La entrevista cierra con una crítica al conocimiento fragmentado y encerrado en claustros, cuando la producción del saber requiere un enfoque inter, multi y transdisciplinario. Buen Abad insiste en que en los procesos de enseñanza intervienen más de catorce vectores en simultáneo, desde la alimentación hasta la salud visual, y que la Constitución ordena difundir la educación, no encerrarla. La conclusión es contundente: la revolución de las conciencias no parece estar en las aulas a esta hora.