El paro total de actividades que paralizó las facultades de Rosario y de todo el país encontró a la Federación Universitaria de Rosario (FUR) en la calle con una campaña denominada “El margen de la ley”. La medida, que buscó instalar un panel de discusión frente a la Facultad de Humanidades y Artes junto a los gremios docente (COAD) y no docente (APUR), tuvo que reprogramar sus actividades al aire libre por las condiciones climáticas adversas. Sin embargo, la agenda de reclamos quedó expuesta con claridad: el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y sus consecuencias directas sobre la vida estudiantil.
El dato más contundente lo aportó la presidenta de la FUR, Karen Lingelfelder, estudiante de la Facultad de Humanidades y Artes, en diálogo con Radio UNR. Las becas Progresar permanecen congeladas desde 2024 en 35.000 pesos, un monto que hoy equivale al costo de los apuntes de una sola materia troncal. Esa pérdida de poder adquisitivo empuja a una parte importante del alumnado por debajo de la línea de la pobreza, con serias dificultades para afrontar alquiler, expensas, alimentación y transporte en un contexto de crisis laboral. La dirigente fue tajante al describir la situación: “El tránsito de estudiar, trabajar y recibirse no es posible actualmente”.
El conflicto presupuestario no se limita a los bolsillos. La agenda estudiantil sumó demandas vinculadas a la salud mental y la inserción laboral como prioridades. Lingelfelder advirtió sobre el aumento de casos de ansiedad, estrés y depresión, lo que llevó a la federación a coordinar talleres de bienestar y diplomaturas en acompañamiento terapéutico y problemáticas de consumo junto a profesionales de la salud. “El incremento en padecimientos como la ansiedad, el estrés y la depresión ha llevado a la federación a coordinar talleres de bienestar”, afirmó.
El reclamo también tiene un componente político explícito. La dirigente remarcó la urgencia de visibilizar el conflicto presupuestario y defender la autonomía universitaria frente a los cuestionamientos gubernamentales. En un contexto que definió como de “hostilidad y menosprecio a la cultura y la ciencia”, la respuesta del movimiento estudiantil organizado apunta a construir redes de contención cotidianas para que ningún estudiante transite su camino en soledad. La medida de fuerza deja en evidencia que la crisis universitaria ya no se mide solo en números de presupuesto, sino en la capacidad concreta de los estudiantes para sostenerse económicamente y en su salud mental.