El 4 de septiembre no es una fecha en el calendario. Es un surco que se abre cada año en la memoria de los que saben que Chile tuvo un presidente que llegó caminando de la mano del pueblo, sin pedir permiso a los ricos. Este año, bajo el monumento a Salvador Allende, se juntaron los partidos del centro y de la izquierda, los movimientos sociales, los viejos luchadores y mucha juventud. No fue un acto más: fue una demostración de unidad para enfrentar al gobierno de extrema derecha que hoy ocupa La Moneda.
Los oradores fueron pasando, y cada palabra caía como semilla en tierra firme. Se saludó a los detenidos desaparecidos y ejecutados, a los que ya no están pero siguen presentes. Se recordó que la unidad popular es una puerta abierta para todo el que quiera entrar. Y se dijo fuerte: esta vez no se trata de cambiar un presidente, será el pueblo quien construya un Chile bien diferente. La consigna coreada por cientos marcó el ritmo de la tarde, como si el tiempo volviera a ser el de la victoria.
Hubo palabras duras contra el presidente que permite que un showman extranjero venga a tomar café a La Moneda y se vaya dejando una declaración ajena, hecha por el gobierno argentino. Eso, dijeron, es una vergüenza para Chile. No se puede entregar la soberanía nacional. Y se alertó sobre el Foro de Madrid, ese germen de odio donde se juntan los dueños del capital para decidir por sobre la democracia y los derechos humanos. La historia es larga, advirtieron, y lo que hoy quieren arrasar no es solo un gobierno, sino siglos de construcción política hecha por los trabajadores.
Una dirigenta de derechos humanos, Alicia Lira, habló con la emoción de quien ha dado toda una vida de lucha. Dijo que ver tanta juventud en el acto le llenaba el corazón, porque la larga lucha sigue y necesita manos nuevas para las transformaciones. Los jóvenes, dijeron desde la Juventud Comunista, fueron la apuesta de Allende, que creía en su rebeldía y en su capacidad de construir una patria más justa. Y hoy, pese a la represión a estudiantes y trabajadores, ahí estaban, con sus banderas, con la bandera chilena que pertenece a todos los que la trabajan.
El acto cerró con el compromiso de seguir juntos, de no soltarse, de defender la educación pública, la nacionalización del cobre, la reforma agraria. Y con la invitación a marchar el domingo, para conmemorar el golpe y a los que bombardearon La Moneda. La unidad, dijeron, es la única fuerza que tiene el pueblo. Y la memoria, esa memoria que piensa en el futuro, es el abono que hace crecer la próxima cosecha.