El lonko Mauro Millán no describe un conflicto territorial. Expone una contradicción política que el relato dominante prefiere ocultar: mientras sectores empresariales y políticos construyeron durante años la figura del mapuche como enemigo interno, son esas mismas comunidades las que hoy, con su sola presencia, frenan la entrega de los bienes comunes al capital. La acusación de siempre, dice, fue armada por empresarios inmobiliarios, sociedades rurales, cámaras de comercio y el poder político del PRO que encabezaba Patricia Bullrich, con un único propósito: generar consenso social para el desplazamiento de quienes resisten a lo que define como la entrega total a las fuerzas del mercado.
Millán propone invertir el debate sobre la soberanía. Mientras la discusión pública se concentra en la extranjerización de tierras, las comunidades mapuche-tehuelche garantizan con su permanencia el control territorial del país. Claramente nos vamos a oponer al capital extranjero, al extractivismo, a los magnates sean tecnológicos o no, sostiene. La paradoja no es menor: quienes se presentaron como defensores de la nación promueven inversiones de Emiratos Árabes, Qatar y Arabia Saudita, junto a propietarios como Joe Lewis y la familia Benetton, ya instalados en la Patagonia. Los que dicen defender la soberanía son los que la están entregando, resume.
La crítica alcanza también a los gobiernos anteriores. La Ley 26.160, sancionada bajo Néstor Kirchner y prorrogada por CFK, Macri y Alberto Fernández, funcionó como una valla, un analgésico que nunca buscó curar el daño que padecen las comunidades desde la conformación del Estado. La diferencia con el régimen actual es que aquella precariedad al menos se presentaba como protección. Hoy, afirma, ya no disimulan nada. En ese marco ubica los recientes intentos de desalojo de las lof Melo y Quenquintrew, que por primera vez convocaron a una caravana de solidaridad con unas mil personas, un acercamiento que podría transformar la resistencia indígena en una lucha social más amplia.
La disputa no es solo por la tierra. El eje pasa por el agua, los bosques, los lagos y los minerales. Millán busca recuperar la narrativa para que la sociedad comprenda que la presencia mapuche garantiza seguir teniendo agua gratuita y sana, frente a un futuro donde la gente común ya no pueda abrir la canilla. El despoblamiento de la Patagonia, con rutas deterioradas, escuelas cerradas y pueblos vaciados, completa el cuadro de un territorio que se vacía para entregarse. El día que ya no estemos nosotros, ¿quién va a estar?, pregunta. La respuesta que esboza no es un lamento sino una convocatoria: la defensa indígena del territorio es la defensa de todos los que habitan la Patagonia, y la movilización demuestra que el poder que parece imbatible puede ser derrotado.