El domingo no amaneció como los otros. La vereda se hizo fila y la fila se hizo paso. Los gremios de la educación salieron a la ruta, rumbo al Congreso, con el cuerpo dispuesto y la memoria encendida. No es un paseo. Es una caminata de tres jornadas que junta al Colegio de Profesores, a Andime, a la gente de la Superintendencia, a los asistentes de la educación, a los trabajadores de Integra, a los de la Agencia de Calidad y a los de la Junaeb. Todos, por primera vez en cuarenta años, con un mismo rumbo.
Mario Aguilar, el presidente del magisterio, dijo llegando a Curacaví que la rebaja inmediata es de 78 mil millones de pesos. Que eso deteriora la educación inicial, la escolar y la superior. Y que por eso caminan: porque la educación necesita más abono y menos desmonte. "Aunque duelan los pies, aunque la respiración se agite, sabemos que estamos haciendo lo justo", soltó, con la voz que no se dobla.
María Beatriz Fuenzalida, de Andime, marcó el punto: en 40 años no habían marchado todos juntos. Yasna Sánchez, de la federación de asistentes, fue más seca: nunca antes la educación pública había estado tan amenazada. El domingo cerró en El Quisco. El lunes seguirán desde Algarrobo hasta Lo Vásquez. El martes quieren llegar a Valparaíso, aunque ese último tramo todavía no tiene permiso. La tierra sabe de esperas. Ellos también.