MUJERES NAHUAS TEJEN AUTONOMÍA CONTRA UN CLIMA QUE LES ARRANCA SUS PLANTAS
Organización y Lucha

MUJERES NAHUAS TEJEN AUTONOMÍA CONTRA UN CLIMA QUE LES ARRANCA SUS PLANTAS

(★) .- La organización que fundaron artesanas de la Sierra Nororiental de Puebla sostiene una red de cuidados y un hotel ecoturístico que reparte utilidades entre 55 socias.

Daniela Juárez Villa habla desde Coatzalán, Puebla, y su voz no separa lo que otros separan. Las alteraciones del clima, dice, se traducen en la mesa: ya no están ciertos hongos comestibles, se pierden plantas medicinales y comestibles, la herbolaria y la práctica de la sanación se quedan sin materia prima. Los cultivos cambiaron de temporalidad. Eso no es un dato lejano, es la vida comunitaria la que se desarma.
En 1985 un grupo de artesanas se reunió para buscar comercio justo y precios justos. Tejían en telar de cintura, bordaban a mano. Querían tratar directo con quien comprara sus piezas y acabar con el intermediarismo que, según cuenta Daniela, ha afectado muchísimo la vida de las vecinas y de los pueblos originarios. Al año siguiente entraron a una cooperativa mixta. No duraron: las compañeras notaron que sus ideas y propuestas no eran tomadas en cuenta. Se callaba a las mujeres. En 1989 hicieron su primera asamblea con 200 personas de Coatzalán y otros municipios. Nombraron consejo: presidenta, tesorera y secretaria. En 1991 se conformaron legalmente como sociedad de solidaridad social, una figura jurídica antigua pero vigente en México.
Hoy son 100 integrantes de seis localidades.
Masehual Siuamej Mosenyolchicauani significa mujeres indígenas que se apoyan. El colectivo es pionero del feminismo comunitario en México y nació de una reflexión sobre las violencias que se viven en el territorio: desde la casa y la comunidad hasta el despojo y la mercantilización de la biodiversidad. En los años 90 tomaron talleres de derechos humanos y derechos de las mujeres indígenas donde empezaron a nombrar todo eso.
De esa red de cuidados sale la autonomía económica. El hotel ecoturístico Taselotzin tiene 55 socias de las 100 que conforman el colectivo. Cada año recibe una utilidad repartida de manera equitativa en especie. La red empieza en casa: una compañera deja a sus hijos con algún familiar para poder salir a reunirse. Así se teje de lo doméstico a lo comunitario y a lo regional.
La resistencia tuvo costo social. Al principio las señalaban por reunirse y salir: decían que iban a buscar hombres o a perder el tiempo en chismes. Con los años y los resultados, la familia y la comunidad les reconocieron otro lugar. El colectivo da empleo a vecinos y vecinas que saben de plomería, electricidad o construcción. En eso se traduce el respeto que se va logrando.