Las organizaciones de derechos humanos convocan a marchar este 24 de marzo con una propuesta poderosa: llevar pancartas con fotos de los desaparecidos bajo la consigna "Que digan dónde están". Madres, Abuelas, HIJOS y Familiares impulsan esta acción que busca visibilizar a las 30.000 víctimas del terrorismo de Estado. La iniciativa recupera una tradición histórica que comenzó en plena dictadura, cuando las primeras Madres salían a las calles con las imágenes de sus seres queridos. En Paraná, el colectivo Bordadoras de Memorias reúne a más de 70 personas que durante meses tejieron una bandera con los nombres de las 317 víctimas entrerrianas. Cada puntada representa un gesto de memoria y justicia, un acto de resistencia que conecta generaciones.
En los barrios porteños, vecinos organizan charlas y presentaciones previas a la conmemoración. En Abasto, el espacio Nuevo Encuentro realiza "Veladas Patrióticas" para reflexionar sobre los nuevos desafíos en la lucha por los derechos humanos. En Almagro, la Multisectorial Comuna 5 presenta el libro "Madres de Plaza de Mayo y la resistencia popular". Estas actividades barriales construyen memoria desde la base, tejiendo redes comunitarias que desafían el olvido. Frente a esta movilización popular, el gobierno nacional prepara lo que define como "una sorpresa" para el Día de la Memoria, buscando profundizar su batalla cultural contra lo que llama "relato setentista". Según fuentes oficiales, elaborarán un video con hijos de desaparecidos que cuestionen la cifra de 30.000 víctimas, continuando la línea revisionista iniciada con el video de Agustín Laje el año pasado.
El Museo Sitio de Memoria ESMA, bajo gestión oficial, también lanzará material que según admiten voces cercanas al gobierno "hará foco sobre el accionar subversivo" previo a la dictadura. Esta ofensiva cultural se complementa con acciones como el retiro de placas conmemorativas en el exterior, aunque desde el oficialismo descartan indultos a militares condenados. La tensión entre memoria popular y revisionismo estatal marca este aniversario histórico. Mientras el poder ejecutivo intenta imponer una narrativa que relativiza el terrorismo de Estado, las organizaciones sociales responden con creatividad colectiva: bordando nombres, levantando fotos, discutiendo en plazas. La memoria, lejos de ser un relato oficial, se construye en las calles, en los barrios, en las puntadas que unen historias de resistencia.