Miles de delegades se reúnen en Nueva York para la mayor reunión mundial sobre derechos de las mujeres, en un contexto donde la ONU planea fusionar dos agencias clave: ONU Mujeres y el Fondo de Población (UNFPA). Esta propuesta, presentada como mejora de eficiencia bajo la iniciativa UN80, genera alarmas en el movimiento feminista global que ve en ella un riesgo estratégico en medio de múltiples crisis y recortes de ayuda internacional.
La iniciativa busca crear un solo organismo para gobiernos y socios, pero críticos advierten que en el clima actual de retroceso de derechos, cualquier desestabilización de los escasos recursos disponibles resulta peligrosa. Jessica Stern, de la Alianza por la Diplomacia y la Justicia, señala que estas agencias, aunque imperfectas, son lo que existe para contrarrestar violencia sexual, abuso doméstico y garantizar acceso a anticonceptivos y educación sexual.
El financiamiento es la gran preocupación: ONU Mujeres opera con 500 millones de dólares anuales y UNFPA con 1.450 millones. Activistas temen que al fusionarse, los donantes recortarán aportes, dejando aún más desprotegidas a las mujeres más vulnerables. La amenaza estadounidense se cierne sobre el proceso: bajo el régimen Trump, Estados Unidos ya retiró apoyo financiero a ambas agencias y podría usar su influencia para desmantelar la arquitectura de igualdad de género en una votación de la Asamblea General.
Grupos ultraconservadores como C-Fam, que han ganado influencia durante el régimen Trump, presionan activamente en la ONU con retórica extremista contra lo que llaman "lunáticos de género". En África y América Latina, estos grupos promueven narrativas que presentan derechos como el aborto como "colonialismo ideológico", encontrando aliados en gobiernos de derecha que han cerrado o degradado ministerios de la mujer.
Más de 500 organizaciones firmaron una carta al secretario general António Guterres advirtiendo que cuando los derechos sexuales y reproductivos se absorben en mandatos más amplios sin articulación explícita, corren riesgo de ser despriorizados, subfinanciados o invisibilizados políticamente. La sensación entre activistas es que, ante la presión estadounidense, la ONU estaría dispuesta a sacrificar la igualdad de género en el altar de la "eficiencia" neoliberal, en lo que Fadekemi Akinfaderin describe como "arrojar la igualdad de género bajo el bus".