COMUNIDAD KOLLA FRENA AVANCE MINERO EN RINCONADA
Extractivismo

COMUNIDAD KOLLA FRENA AVANCE MINERO EN RINCONADA

(★) .- La resistencia indígena se impone ante el extractivismo en Jujuy.



La comunidad Kolla de Rinconada logró impedir el ingreso de la empresa minera Wicz Mining Consulting a su territorio ancestral en la Puna jujeña, a casi 4.000 metros de altura. El intento de exploración sin consulta previa, libre e informada fue frenado por la acción colectiva de quienes defienden sus tierras y el agua de la región. La firma, con sede en la capital provincial, contaba con autorización judicial para un cateo, pero en la resolución ni siquiera se mencionaba a la comunidad dueña ancestral de esas tierras.
El conflicto estalló el sábado 14 de marzo cuando la consultora minera intentó ingresar al territorio denominado "Alto Carmen". La comunidad ya había expresado su rechazo a la actividad minera por la defensa del agua y los bienes  comunes, pero las empresas y el gobierno provincial avanzan sin respetar esa decisión. La presidenta de Rinconada denunció la complicidad entre la empresa, el gobierno de Jujuy y algunos miembros de las localidades de Santo Domingo y Casa Colorada.
La situación revela las negociaciones internas entre la justicia provincial y el modelo de desarrollo extractivo que se impone en Jujuy. Los derechos indígenas no se respetan en ningún sentido, según denuncian las comunidades. La consultora Wicz Mining Consulting opera como intermediaria de grandes mineras, facilitando el avance sobre territorios ancestrales sin cumplir con los protocolos internacionales de consulta previa.
La defensa del territorio en Rinconada no es un hecho aislado sino parte de una lucha más amplia contra el extractivismo que amenaza a todas las comunidades aledañas donde se pretenden instalar proyectos mineros. La acción colectiva de la comunidad Kolla muestra que la resistencia organizada puede frenar los atropellos del capital extractivo, incluso cuando cuenta con avales judiciales y gubernamentales. La protección de la Madre Tierra se convierte así en un acto político de soberanía territorial frente a un modelo que prioriza la ganancia sobre la vida comunitaria y los ecosistemas de altura.