La retirada estratégica de YPF de las cuencas petroleras tradicionales está generando una crisis social y laboral de dimensiones alarmantes en provincias históricamente dependientes de la actividad hidrocarburífera. El secretario general de la Federación de Petroleros, Mario Lavia, describe la situación como "tierra arrasada" en lo social, laboral y ambiental. En Mendoza Norte, la transición a nuevas operadoras provocó más de mil despidos y paralizó las tareas de remediación ambiental. Santa Cruz declaró la emergencia hidrocarburífera tras noventa días del traspaso de áreas maduras sin que se materializara la reactivación prometida.
En el norte argentino, la producción convencional lleva más de quince años en declive. El año pasado el sector perdió el veinte por ciento de su fuerza laboral, con solo un tercio de los operarios desvinculados logrando reinsertarse rápidamente. Muchos trabajadores migran hacia la minería o el sur, donde las políticas de empleo local complican la contratación. Lavia advierte que provincias como Salta y Tierra del Fuego quedan "absolutamente abandonadas" por esta estrategia corporativa.
Frente a esta crisis, el gobierno de Santa Cruz convocó una mesa de trabajo con operadoras y gremios en Caleta Olivia. El ministro de Energía y Minería, Jaime Álvarez, y el ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Juan Mata, encabezaron el encuentro con representantes de Brest Oil, Clear Petroleum, Roch, Quintana Energy y sindicatos petroleros. Las empresas asumieron el compromiso de no avanzar con nuevos despidos, y la provincia garantizó hacer cumplir ese acuerdo. También se analizó el plan de abandono de pozos y remediación ambiental que YPF debe financiar, estimándose que en seis o siete semanas habrá un informe definitivo sobre los pasivos ambientales.
El contraste es brutal: Vaca Muerta celebra récords de producción y exportación, acercando al país al autoabastecimiento, pero las regiones convencionales tradicionales enfrentan una crisis que no se traduce en bienestar regional. Lavia señala que el desarrollo de Vaca Muerta está diseñado para que el crudo salga sin valor agregado, beneficiando principalmente a corporaciones internacionales. La inestabilidad en Medio Oriente y la reducción del tránsito en el Estrecho de Ormuz dispararon el valor del Brent, lo que podría traducirse en aumentos de combustibles que perjudicarían el poder adquisitivo de los trabajadores.
Esta reconfiguración del mapa petrolero argentino expone las contradicciones del modelo extractivista: concentración de inversiones en mega-yacimientos versus abandono de cuencas tradicionales que sostuvieron durante décadas la industria nacional. La "tierra arrasada" no es metáfora sino realidad tangible para miles de familias que ven desaparecer sus fuentes de trabajo sin alternativas claras, en un proceso que prioriza la rentabilidad corporativa sobre el desarrollo regional integral.