El Instituto Nacional de Estadística y Censos confirmó un panorama desolador para la clase trabajadora argentina. La tasa de desempleo alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, marcando un salto significativo desde el 6,4% registrado en el mismo período del año anterior. En números concretos, esto representa más de 1,1 millones de personas sin empleo en los principales centros urbanos del país.
La debacle no se limita al desempleo abierto. La tasa de empleo, que mide el porcentaje de personas ocupadas sobre la población total, cayó al 45% desde el 45,7% del año previo. La informalidad laboral también escaló, pasando del 42% al 43% interanualmente, evidenciando una precarización creciente del trabajo. La subocupación, que incluye a quienes trabajan menos horas de las que desearían, aumentó del 10,9% al 11,3%.
Las cifras desmienten categóricamente el relato oficial que intentaba mostrar mejoras en el mercado laboral. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había afirmado días antes que el empleo mostraba crecimiento, contradiciendo la realidad estadística que hoy expone el propio organismo oficial. La región del Gran Buenos Aires presenta la situación más crítica con un 8,6% de desocupación, seguida por la Pampeana con 7,7%.
Este deterioro generalizado del mercado laboral ocurre en un contexto de políticas económicas que priorizaron la desregulación y el ajuste sobre la protección de los derechos laborales. La masacre social que representa más de un millón de desocupados cuestiona profundamente el modelo económico vigente y exige respuestas urgentes que pongan en el centro la dignidad del trabajo y la protección de las familias trabajadoras.