LA NUEVA FIEBRE DEL ORO AZUL: EL RÉGIMEN TRUMP ACELERA LA DEPREDACIÓN SUBMARINA
Extractivismo

LA NUEVA FIEBRE DEL ORO AZUL: EL RÉGIMEN TRUMP ACELERA LA DEPREDACIÓN SUBMARINA

(★) .- Estados Unidos flexibiliza regulaciones para explotar minerales en aguas internacionales, desafiando el derecho marítimo global.

El régimen Trump ha lanzado una ofensiva regulatoria que podría desatar la primera gran explotación minera en los fondos marinos. La Administración Oceánica y Atmosférica estadounidense reformó normas para que empresas como The Metals Company puedan solicitar simultáneamente licencias de exploración y explotación comercial, eliminando barreras burocráticas y relajando controles ambientales. Esta medida representa un golpe directo al marco multilateral que rige los océanos.
La compañía canadiense ya presentó solicitudes para explotar 65.000 kilómetros cuadrados en la zona Clarion-Clipperton, entre México y Hawái, donde calcula existen 619 millones de toneladas de nódulos polimetálicos con cobalto, cobre y níquel. El argumento empresarial se centra en la competencia con China y las necesidades de la industria tecnológica, abandonando el discurso previo sobre transición energética que usaban para justificar sus operaciones.
La estrategia estadounidense choca frontalmente con la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, organismo de la ONU que regula estas actividades en aguas internacionales según la Convención del Derecho del Mar. Estados Unidos nunca ratificó este tratado, pero sus socios comerciales como Suiza y Japón sí lo hicieron, creando un conflicto jurídico internacional. Expertos advierten que esta acción unilateral multiplicará tensiones geopolíticas y afectará especialmente a pequeños estados insulares.
Ecólogos marinos como Andrew Thaler alertan sobre la devastación irreversible de ecosistemas abisales que albergan mayor biodiversidad que las selvas tropicales. La minería submarina implica destrucción total de la vida en el fondo marino, con impactos permanentes en especies únicas apenas conocidas por la ciencia. La urgencia empresarial contrasta con mercados actuales de níquel y cobalto que presentan excedentes.
Esta carrera extractivista revela cómo el capitalismo neoliberal prioriza ganancias sobre la preservación de los últimos ecosistemas vírgenes del planeta. La depredación submarina se presenta como solución falsa a crisis climáticas que el mismo sistema genera, perpetuando lógicas extractivas que ya devastaron continentes. La defensa de los océanos requiere solidaridad internacional frente a esta nueva frontera de acumulación capitalista.