Más de 250 familias ocuparon la sede del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) en Imperatriz, Maranhão, en una acción que integra la Jornada Nacional de Luchas del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST). La movilización reúne a campesinos de 21 áreas de la región Tocantina, con demandas claras: asentamiento para familias acampadas y acceso a crédito e infraestructura para quienes ya viven en asentamientos. Divina Lopes, coordinadora del MST en Maranhão, enfatizó el carácter estratégico de esta presión unificada para avanzar en la reforma agraria.
En Maceió, Alagoas, aproximadamente 400 trabajadores rurales tomaron las instalaciones del Incra, montando un campamento dentro del edificio. Los manifestantes exigen mejoras en la infraestructura de los asentamientos y soluciones para campamentos amenazados por desalojos. Critican la lentitud burocrática que paraliza los procesos de reforma agraria en el estado, en un contexto donde la producción de alimentos saludables se vuelve urgente.
La jornada se expande por múltiples frentes. En el Distrito Federal, 300 militantes del MST se sumaron a la Marcha de la Clase Trabajadora, articulando las luchas del campo con las demandas urbanas. En Ceará, unos 500 trabajadores ocuparon la Hacienda Córrego, de más de 300 hectáreas improductivas, reclamando su desapropiación para vivienda popular y reforma agraria. En Tocantins, familias del campamento Irmã Dorothy ocuparon el Loteamiento Praia Chata, denunciando el abandono de tierras destinadas al campesinado.
Esta movilización nacional ocurre en abril, mes que conmemora los 30 años de la masacre de Eldorado dos Carajás, donde 21 trabajadores rurales fueron asesinados por la policía militar. La impunidad de aquel crimen sigue simbolizando la violencia estructural contra quienes luchan por la tierra. Gilvania Ferreira, del MST, señala que la reforma agraria no sale del papel sin organización popular: desde ocupar tierras griladas hasta denunciar trabajo esclavo.
Las acciones reflejan una crítica profunda al modelo neoliberal que prioriza la especulación sobre la función social de la tierra. Frente a la parálisis institucional, los sin tierra responden con ocupaciones que transforman indignación en organización colectiva. La jornada demuestra que, tres décadas después de Carajás, la memoria se mantiene viva en la lucha por tierra, territorio y soberanía alimentaria.