Según teleSUR, la Gran Parada de Tradición en Barranquilla trascendió el espectáculo para convertirse en un ejercicio de memoria histórica colectiva. Más de 160 grupos folclóricos transformaron la Vía 40 en un escenario donde danzas como el Paloteo y las Farotas de Talaigua reivindicaron la resistencia indígena y afrodescendiente frente a la violencia colonial. El investigador Moisés Pineda destacó que estas manifestaciones son compendios de historias de cimarronaje donde el arte funciona como herramienta de cohesión social.
El Heraldo reporta que la sátira caribeña brilló en la Gran Parada de Carlos Franco con muñecones políticos y personajes como La Soyá, mientras que la Gran Parada de Comparsas rindió homenaje a la cultura picotera. La reina Michelle Char utilizó su vestuario para alertar sobre especies en peligro de extinción, conectando la majestuosidad festiva con la conciencia ecológica.
A 25 años de su declaratoria patrimonial, el Carnaval de Barranquilla reafirma que su esencia no es mercancía sino memoria viva. Cada disfraz y movimiento cuenta historias de lucha que construyen soberanía cultural desde la diversidad de pueblos que forjaron su libertad.