En Calama, en medio del desierto más árido del planeta, un proyecto educativo está sembrando conciencia ecológica desde las bases. La Escuelita Eco-Calama, impulsada por la Coordinadora por la Defensa del Río Loa y la Madre Tierra, convoca a estudiantes de tres establecimientos educacionales —la Escuela Básica F-41 21 de Mayo, el Liceo B-8 Francisco de Aguirre y la Escuela Básica D-45 Emilio Sotomayor— en una experiencia que trasciende las aulas y conecta con el territorio.
Alejandro Muñoz, miembro de la Coordinadora, explica que la iniciativa busca vincular la educación con la comprensión del oasis, las áreas verdes y el ambiente, sobre todo cuando la ciudad carece de un Plan de Descontaminación. El río Loa, reconocido recientemente como humedal urbano, enfrenta una paradoja brutal: es fuente de vida en el desierto y, al mismo tiempo, uno de los cursos de agua más contaminados del país, víctima de residuos y presión industrial.
Los talleres incluyen salidas pedagógicas, mapeos participativos y limpieza de microbasurales. La profesora Melissa Aravena destaca que, a diferencia de la academia ambiental de su escuela —centrada en el cuidado interno—, esta escuelita enseña sobre el entorno de toda la ciudad, complementando saberes y ampliando la mirada.
Lo valioso de esta experiencia compartida es que no se queda en la teoría. La Escuelita Eco-Calama demuestra que la educación ambiental puede ser una herramienta de transformación colectiva cuando organizaciones sociales, escuelas y familias caminan juntas. En un territorio marcado por el extractivismo y la ausencia de políticas públicas, estas semillas de resistencia oasisiana nos recuerdan que cuidar la tierra es también un acto político y comunitario.