Los cacerolazos estallaron en distintos puntos de Buenos Aires como expresión de rechazo masivo a la reforma laboral impulsada por el gobierno. La protesta se desarrolló en el Congreso y diversos barrios del Área Metropolitana, demostrando el descontento popular frente a medidas que precarizan derechos históricos conquistados por la clase trabajadora. La CGT ya calificó la reforma como "inconstitucional", ratificando el paro nacional convocado. Este movimiento de base refleja cómo las políticas neoliberales encuentran resistencia organizada desde los territorios, donde la solidaridad vecinal se transforma en herramienta de lucha contra el desmantelamiento sistemático de protecciones laborales. La calle habla claro: no hay ajuste sin respuesta popular.