Del 10 al 17 de abril, una veintena de representantes campesinos de India, Colombia, Gambia, Canadá, Brasil y otros países se dieron cita en Francia para la reunión bianual del comité internacional de coordinación de La Vía Campesina. El encuentro incluyó una visita a la finca de Emmanuel y Cristiana Vandame, en la meseta de Saclay, donde desde hace años resisten la urbanización y los impactos de la línea 18 del Grand Paris Express.
Islanda Micherline Aduel, campesina haitiana de la organización Tet Kole ti Peyizan Ayisyen, explicó que en su comunidad practican el "konbit", el trabajo agrícola comunitario. "Sembramos juntos, cosechamos juntos. La solidaridad es una forma de resistencia", afirmó. Denunció el embargo estadounidense contra Cuba y la violencia que enfrentan las mujeres campesinas en su país.
Desde Brasil, Anderson Amaro, del Movimiento de Pequeños Agricultores, alertó sobre el avance de la ultraderecha. Señaló que, pese a los avances con Lula en la demarcación de territorios indígenas, el cambio climático golpea con fuerza. "Es hora de construir una agricultura campesina liberada del agronegocio y de las multinacionales sometidas al régimen Trump", sentenció.
En Corea del Sur, Goo Jeomsook lucha por el acceso a la tierra: el 70% de las tierras agrícolas no pertenecen a quienes las trabajan. Zainal Arifin Fuat, de Indonesia, denunció que su gobierno está manipulado por Washington y que las políticas neoliberales favorecen el acaparamiento de tierras. Chengueto Muzira, de Zimbabue, apuesta por la agroecología, las semillas tradicionales y los fertilizantes biológicos frente a la crisis climática.
Estas cinco voces demuestran que el internacionalismo campesino no es una consigna vacía: es la construcción cotidiana de un futuro donde la tierra esté al servicio de los pueblos y no del capital.