EL CAPITAL NACE EMPAPADO EN SANGRE Y BARRO
Reflexión breve

EL CAPITAL NACE EMPAPADO EN SANGRE Y BARRO

(★) .- Una disección sobre la brutalidad originaria y permanente que sostiene el altar del mercado neoliberal.

Karl Marx revela en su obra fundamental que el capital no surge de la laboriosidad pacífica, sino de un proceso histórico marcado por el despojo violento de les productores. Esta acumulación originaria constituye el pecado original de un sistema que transforma la vida humana en una simple mercancía destinada a la valorización infinita del valor de cambio. El nacimiento de este régimen económico requirió la expropiación forzosa de las tierras comunales y la destrucción sistemática de los medios de subsistencia tradicionales de los pueblos.
La violencia capitalista se manifiesta cotidianamente a través de la coacción silenciosa de las relaciones económicas que obligan a les trabajadores a vender su fuerza de trabajo para no morir de hambre. El capital llega al mundo chorreando sangre y lodo por todos sus poros, utilizando el aparato estatal para legislar jornadas laborales extenuantes que devoran la salud integral de la clase obrera. La disciplina fabril y el trabajo infantil sistemático fueron los pilares fundamentales sobre los cuales se edificó la potencia de la gran industria moderna. Cada objeto reluciente en la góndola oculta una densa red de explotación que invisibiliza el sudor de quienes realmente producen la riqueza social.
Resulta imperativo que las organizaciones populares y solidarias reconozcan que la supuesta paz del mercado es una ficción violenta sostenida por la amenaza constante de la exclusión y la miseria. Debemos recuperar la soberanía política sobre nuestros propios cuerpos y territorios ancestrales para frenar definitivamente la maquinaria necropolítica del gran capital. La solidaridad activa entre nosotres y la construcción de alternativas comunitarias decoloniales representan los únicos anticuerpos efectivos contra un sistema que prefiere el lucro corporativo antes que la vida humana. Desnaturalizar la violencia estructural constituye el primer paso urgente hacia una emancipación real que nos devuelva la dignidad arrebatada.