El 21 de febrero de 1848 vio la luz un texto que sacudiría los cimientos del orden burgués: el Manifiesto del Partido Comunista. Ciento setenta y ocho años después, Infobae -ese bastión del periodismo amarillista y conservador- decide "recordar" la efeméride con un artículo que huele a apropiación cultural y resignificación neoliberal. La ironía es palpable: quienes defienden el sistema que Marx y Engels denunciaron como explotador ahora narran su génesis como si fuera una curiosidad histórica más.
El artículo de Infobae detalla con precisión técnica los orígenes del texto: la urgencia de la Liga de los Comunistas, la presión sobre Marx en Bruselas, las amenazas desde Londres si no entregaba el manuscrito para el 1° de febrero de 1848. Describe cómo Engels propuso transformar su "Principios del Comunismo" -un catecismo en preguntas y respuestas- en el manifiesto que conocemos. Narra la primera tirada de mil ejemplares en alemán, la escasa repercusión inicial, el resurgimiento en 1872 durante los juicios a socialdemócratas alemanes. Todo con datos, fechas, citas de Hobsbawm y Mehring. Una crónica impecable en lo fáctico, pero vacía en lo político.
Lo que realmente duele es el silencio de los medios progresistas. Mientras Infobae se permite el lujo de tratar al Manifiesto como pieza de museo, la mayoría de los espacios que se autodenominan de izquierda brillaron por su ausencia. Pocos recordaron que ese texto no es sólo historia: es diagnóstico del presente. "Un fantasma recorre Europa", escribieron Marx y Engels. Hoy ese fantasma tiene nombre: capitalismo financiero, extractivismo, precarización laboral. Pero en tiempos neoliberales, hasta las efemérides revolucionarias se convierten en contenido descafeinado.
El Manifiesto dividió la historia en burgueses y proletarios, denunció la propiedad privada como robo, llamó a la unidad internacional de la clase trabajadora. Sus medidas de transición -expropiación de tierras, impuestos progresivos, educación pública gratuita- siguen siendo más radicales que cualquier programa político actual. "Los proletarios no tienen nada que perder excepto sus cadenas", afirmaba. Hoy, bajo este sistema que mercantiliza hasta los recuerdos revolucionarios, parece que ni siquiera las cadenas nos pertenecen.
Infobae hace su trabajo: domestica, neutraliza, convierte en anécdota lo que fue llamado a la insurrección. Pero el verdadero problema no está en los medios conservadores haciendo lo suyo. Está en que los espacios que deberían mantener viva la memoria de clase prefieren el silencio cómplice. En esta era donde todo se vuelve contenido, hasta los fantasmas más subversivos corren riesgo de convertirse en influencers del pasado. El Manifiesto merece más que un artículo bien documentado: merece ser leído, discutido, y sobre todo, puesto en práctica. Porque como bien sabían sus autores, no se trata de interpretar el mundo, sino de transformarlo.