La historia se repite como farsa en la Puna salteña. Al tiempo que los gobernadores del NOA posaban para fotos en Nueva York con ejecutivos de Río Tinto, la megaminera anglo-australiana concretaba su primer saqueo sistemático de litio desde Salta hacia China. Doscientos toneladas de carbonato de litio partieron desde el Puerto de Buenos Aires con destino a Shanghái, en lo que la empresa celebra como "hito" pero las comunidades originarias viven como despojo.
El proyecto Rincón, ubicado en el corazón de la Puna, ya tiene en funcionamiento su planta inicial Rincón 3000 con capacidad de 3.000 toneladas anuales. En paralelo, avanza la expansión agresiva que proyecta alcanzar 53.000 toneladas anuales para 2028, con una inversión total que supera los 3.100 millones de dólares. Río Tinto se jacta de ser la única productora con exportación activa en las tres provincias del NOA: Catamarca, Jujuy y ahora Salta, consolidando un dominio territorial alarmante.
Los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Carlos Sadir (Jujuy) participaron activamente de esta puesta en escena en Nueva York, donde celebraron la "articulación público-privada" mientras las comunidades quedan fuera de toda decisión sobre sus territorios. El discurso oficial habla de "minería sostenible" y "licencia social", pero la realidad muestra extractivismo puro y duro, donde el agua y los ecosistemas frágiles de la Puna pagan el precio de la transición energética del Norte global.
Este modelo extractivo reproduce patrones coloniales: materias primas que salen sin valor agregado, ganancias que se fugan a matrices extranjeras, y territorios que quedan con pasivos ambientales irreversibles. La "Mesa del Litio" parece más una mesa de negociación entre corporaciones y gobiernos provinciales que un espacio de participación comunitaria. El litio, presentado como "oro blanco" de la transición energética, se convierte en moneda de cambio para un desarrollo que beneficia a pocos y sacrifica a muchos.