EL TERROR FUE LA RAZÓN POLÍTICA DE MALVINAS
Reflexión | Analisis Político

EL TERROR FUE LA RAZÓN POLÍTICA DE MALVINAS

(★) .- A quince años de su muerte, el pensamiento de León Rozitchner vuelve para nombrar la herida que el poder quiere tapar con desfiles y olvido.

Quince años pasaron desde que León Rozitchner soltó el cuerpo y la pluma, y su palabra todavía anda dando vueltas por los patios de la política argentina. Filósofo, psicoanalista, hombre que pensó con Marx y con Freud a la par, que se formó lejos, en la Sorbona, con maestros que le enseñaron a mirar la historia como se mira un surco recién abierto. Se exilió en Venezuela cuando la dictadura lo corrió de la tierra, volvió para enseñar en la Universidad de Buenos Aires y dejó libros que son como piedras: pesan, marcan, no se corren con el viento. Uno de esos libros, Las Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia, vuelve a la mesa ahora, cuando el gobierno de Javier Milei reivindica la gesta, sube a los militares a los tanques y quiere echar un manto de olvido sobre el genocidio.
Rozitchner no se quedó en la superficie de la causa justa. Fue más hondo. Vio que la dictadura, esa que había sembrado el terror puertas adentro, que había secuestrado, torturado y desaparecido a miles, quiso lavar su culpa en el mar. La guerra de Malvinas fue el intento de canjear la guerra sucia por una guerra limpia. Pero para él no hubo tal canje: las dos fueron sucias. Los mismos que diezmaron a los jóvenes en el país los mandaron a morir a las islas. Un ejército de ocupación del territorio propio, que trataba al pueblo como enemigo, salió a buscar una victoria imposible. Carecía de base material, de base humana, de base moral. La causa podía ser justa, pero la mano que la empuñaba estaba manchada hasta el codo.
El pensador también les marcó el camino a los intelectuales que apoyaron la recuperación de las islas con la consigna de que el pueblo nunca se equivoca. Les recordó que ese mismo criterio los había llevado a apoyar a Perón y después a callar mientras la dictadura más feroz se instalaba. El sentimiento popular no es una verdad automática, decía: es una experiencia histórica que hay que comprender, no seguir a ciegas. Y nombraba la contradicción de los militares: matar a los argentinos que se opongan y querer recuperar la soberanía sobre las Malvinas. Un doble deseo que terminó en fracaso. Cuando la resistencia popular crecía, cuando el 30 de marzo la calle ya temblaba, la Junta buscó en las islas un símbolo que la uniera con el pueblo. Pero lo simbólico se hizo real y la realidad los aplastó. Adentro, leones contra indefensos. Afuera, tigres de papel. Astiz, el que delataba madres, se entregó sin combatir en las Georgias. La única guerra que llamaron justa la perdieron casi sin pelear.
Todavía hoy persiguen a los viejitos que piden memoria. El mileismo quiere liberarlos, dice, mientras cuestiona el número de desaparecidos y reivindica la gesta. Pero la palabra de Rozitchner queda ahí, como una semilla dura: pensar será siempre hacerlo contra el terror.